jueves, 14 de octubre de 2010

CIMARRÓN





Relato cedido por nuestro amigo y escritor alcalaino Enrique Hinojosa Baca


Cimarrón

El niño pobre de la calle de atrás deambula con sus zapatillas llenas de polvo y con un semblante de permanente búsqueda. Sus ojos limpios contrastan con su cara sucia, y no se resignan a dejarse olvidar por el mundo. Se dedican a moverse continuamente, se dirían casi independientes del pensamiento absorto de Jorge.

Todos se engañan a sí mismos fingiendo no verle, nadie se quiere preguntar de quién es el niño que siempre va solo, o dónde vive, si es que realmente vive en alguna parte. Los perros callejeros le conocen, le buscan y le acompañan sabiendo que a veces cae de su mano un trozo de pan, una caricia...

Por suerte para él, la panadera deja que Jorge le “tome prestado” disimuladamente todos los días un bollo de pan, una galleta, algún dulce... a veces incluso se da la vuelta distraídamente, fingiendo no verle, mientras se pregunta de quién será el niño que siempre va solo, y dónde vivirá... así Jorge puede escoger su botín del día.

Jorge no va a la escuela, él no sabe de contar baldosas, ni de ciencias exactas ni de fórmulas ni de reglas de tres. Las capitales que conoce son comer, desconfiar, y mantenerse a salvo. Al pasar junto a la frutería, sin detenerse, extiende un poco la mano, coge una fresa de la caja y la esconde con mucho cuidado en un bolsillo. Doblando la esquina, se detiene, la saca y la mira. Durante un instante, el poco tiempo que dura ese primer bocado tan jugoso y dulce, Jorge es feliz. Terminado su almuerzo, sonríe, y sigue caminando.

Él sabe que tiene que sacar jugo de donde no hay. Y lo hace. Este nuevo niño de la selva no pasará frío, ...al menos esta noche, porque encontró un rincón resguardado del viento del norte. Todas sus posesiones las utiliza antes de irse a dormir; su manta, doblada, a la vez colchón, cama y abrigo. Se descalza, se tumba y busca en su bolsillo la foto rasgada de una mujer joven. Suele quedarse dormido cada noche con la foto en la mano, tal vez por la ensoñación de un lejano recuerdo.

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