Quijotes desde el balcón

lunes, 13 de diciembre de 2021

MANJARES MUSICALES (por Sandra Quero)

 



Puedo mirar a través del tiempo,

ya conozco la inercia.


La fuerza de tus palabras me guía

en un viaje sistémico.

Mientras procesas todo esto

camino por tu interior,



te transito como el alimento;

con sabor,

nutriendo,

levantando asperezas inevitables

me envuelven tus papilas.


Con eso me basta,

mi fortaleza es así;

puedes descomponerla en texturas

sin reparo alguno.


Crecemos juntos como los manjares,

sustento que se cocina

a fuego,

en tu cazuela de barro.


                                                             Sandra Quero Alba

ARCANO (por Ana M. Jiménez)

 


Con el tarot me presento

Y desarrollo esta creación

El viaje del loco le dicen

Donde encontrar tu esencia

Con los ojos cerrados nacemos

Ante el primer aliento

Ahí se expresa el loco

El inicio, la chispa de vida



Caminando nos encontramos

Con estos arcanos

Y los integramos

Autosuficiencia, paciencia, creatividad, concreción, 

enseñanza, amor, disposición y equilibrio, sabiduría y ciclo nuevo

Que con este empieza

Después de todo lo encontrado

Otro camino de vida

Lo marca la fuerza

Asimilamos los arcanos

Para llegar a este momento

Donde lo absoluto es posible

Con dominio, control y valentía propia

De todo el camino andado

Que te ha preparado

Para este nuevo empezar

Estas preparado ya

No hay dudas ni miedos

Solo tú te sustenta

Para enfrentar cada día

Con fuerza


Ana M. Jiménez 

domingo, 12 de diciembre de 2021

¡Qué fuerte ser fuerte! (por Lourdes Siles Atienza)

 



Me dicen que sea fuerte. Que es la forma de enfrentar los problemas.  

Pero no saben que con cada letra que conforma la palabra se va creando en mí una armadura que me convierte en débil por dentro y aparentemente roble por fuera. 

Mi mirada se endurece con cada gesto de compostura, mis labios se tensan a la mínima que tiemblan en un amago de llanto, y mis puños se agarran fuerte a sí mismos para concentrar toda la energía que provoca esa actitud: 

 


Fuerza. 

 

Me dicen que sea fuerte. Que es la forma de alentar al resto. Que sin pronunciar su nombre lo demuestre y sin tan si quiera querer hacerlo lo haga. 

Fuerza. 

 

Qué palabra tan bonita y mal usada… 

 

Sé fuerte, no demuestres que eres persona, que eres humano y que te caes, que tienes miedo y a veces eres débil, que te vienen los recuerdos al abrir ese álbum del pasado y que te tiemblan hasta las pestañas cuando no llegas a fin de mes. 

 

Sé fuerte, ignora que a veces te sientes solo y roto y sigue adelante con sonrisas de cristal. 

Sé fuerte, evita abrazar en momentos críticos, no vaya a ser que tu corazón expanda la cuerda que lo ahoga. 

Demuestra que eres más. Más fuerte, más valiente, más inteligente, más capaz. 

Demuestra que no tienes miedo, que eres el que menos provoca la emoción, que te resistes menos a la sensación, que el recuerdo te duele menos, que menos… siempre, es más. 

Me dicen que sea fuerte… 

Cuando al final de la semana recurro al alcohol para creérmelo, cuando me mantengo en un trabajo que no quiero, cuando tengo que cuidar de mis hijos sin dinero, cuando el tiempo se me agota y escurre entre las manos y me veo viejo… 

 

Sé fuerte, demuestra, que eres más que eso.  

La Voluntad del Metal (por Sandra Quero)

 

Breaking Chains by Vanessa Brooks


 Se sentó en el hueco de la roca más alta, como una   liebre en su madriguera. El mar estaba embravecido y   violento en el atardecer, las olas golpeaban con una   fuerza misteriosa y oscura. El fondo del mar era un   universo paralelo y peligroso, hostil para la   humanidad; bendito lugar para criaturas escamadas y   ciegas.

Toda su vida se reventaba como el agua salada y fría; amenazante. El momento era tan hostil que ni siquiera podía pensar en la muerte. Todo había sucedido sin remedio alguno, vivencias que se enredaban en su memoria como pesadillas sin descifrar y que hoy, construían todo su sistema sin importar quién era y hacia dónde caminaba.


Ansiando libertad, deseó volar por lugares desconocidos, para escapar sin esfuerzo...pero el mar seguía ahí, contemplando su figura con furia, lanzando el mensaje sin retorno que resoplaba en los oídos doloridos.

Miles de reproches golpeaban su mente, como un saco de boxeo...cientos de emociones inundando el centro del estómago. Náuseas internas. Tampoco había fuerza para vomitar.

Había tomado muchas decisiones, recordó la novela de Gioconda Belli en la que Lavinia se sentía al borde del abismo por decidirse a entrar a formar parte de la resistencia. Estaba sola, se decía, sin nadie que le aconsejara o pudiera obsequiar con augurios de esperanza su camino. Pero era libre, totalmente libre conduciendo su vida. Se daba cuenta de que la libertad se ganaba con el peso de las responsabilidades. No existe ser libre sin pesos, no hay como escapar a los recargos ajenos. 

Pensándolo bien, no iba a dejarse arrastrar por una situación de locura, conocía de cerca el impacto de la depresión, que erosiona como las olas a las rocas dejando el carácter mojado y la voluntad pulida hasta hacerla desaparecer. 

- He venido para la batalla, no hay más. Es mi condición.

Batalla tras batalla se decía lo mismo, y cada vez que decaía sabía que la fuerza de la voluntad de metal no tenía límites. Allí, en su gruta secreta, miró al frente con fiereza y clavó sus pensamientos sobre la vorágine del mar. 

Esta vez la batalla carece de terreno, escasea en armas de fuego y se esconde entre trivialidades y quehaceres tediosos. Recogió sus cosas y se calzó los pies cansados, mientras volvía al paseo marítimo guardando la fuerza dentro del abrigo, como un cálido recuerdo de su energía.   

Sacando la fuerza como siempre, a la fuerza…

FUERZA (por Iván Benítez)

 


Fotografía: Raúl G. Mayo 2010











¿Fuerza? En cada instante. Alrededor. Al despertar. En el aroma a café recién hecho y los latigazos de agua helada sobre el rostro. ¿Fuerza? En el folio en blanco y el silencio del amanecer. En el rellano de la despedida: el llanto de Vera y las palabras tranquilizadoras de su hermana Helena. En la mirada de su madre, Marta, siempre pendiente. En el perfume de la resina de un bosque cercano. Huele a pan horneado y a hierba recién cortada. En un charco. En un salto. En el interior perlado de una gota de lluvia que se abre camino en un rosal y las hojas ruborizadas del otoño tras desnudarse sobre la acera. En el brillo de una cima nevada y el crepitar de conversaciones. Saludos fugaces. Sonrisas eternas. Lloros, abrazos. Una guardería. Rabia, prudencia. Niños y niñas. Mascarillas. Pensamientos a fuego lento. En los fríos humos que desprenden quejíos. Leños verdes y chimeneas, maridaje blanco entre nubes bajas. En un arcoíris.  Susurros de colores tras la cortina del silencio. De repente, un mensaje al móvil. Un grito: “Hemos pensado en huir. Aquí ya no queda esperanza”. Sueños. Viajes. Recuerdos. ¿Fuerza? En la escucha. Farolas que iluminan caminos diferentes. Tolerancia. Diversidad. Futuro. Noche. Y otra vez el silencio: Helena y Vera duermen. Ese momento. La voluntad de vivir. 

Gracias.


Iván Benítez

Berriozar, a las 15 horas de un 6 de diciembre de 2021.

¡Enséñame a leer!

 

Edward Hopper, Tarde azul, 1914. Whitney Museum of American Art, Nueva York








«Pero no basta, no, no basta / la luz del sol, ni su cálido aliento.»

Vicente Aleixandre, Sombra del Paraíso, 1944


Aquellos días las funciones de las cinco y las siete de la tarde tenían otros colores y otro ritmo para Juan “el fino”. Como un muñeco de cuerda, él llegaba, cumplía su función, asombraba a niños y mayores con su fuerza, después las reverencias, aplausos y fin. Así durante veinticuatro años ya en aquella compañía de circo tradicional. Pero la función principal llegaba después de los aplausos, algo nuevo había roto la monotonía interna del circo, esa que los espectadores ni se imaginan, esa monotonía nómada, fría y casi humillante que es que te vean siempre por lo que representas, por lo que actúas, sin pararse siquiera a pensar que detrás de ese papel diario hay sentimientos, traumas, ausencias y también, porque no, otras virtudes. 

Pero todo eso había cambiado desde hace algo más de un mes en la vida de “el fino”. 

Sus músculos, sus venas marcadas, y su fuerza descomunal, dieron pasos a unos sonidos anteriormente ajenos a su entendimiento, los latidos de su corazón y a unos sentimientos que pintaban su universo repleto de curvas, esferas, elipses, atajos y escondrijos, al contrario de la planicie de colores vacíos; inertes, que poblaban anteriormente sus horas.

Si, como ya habréis deducido, Juan “el fino” había encontrado el amor. El amor correspondido, el más difícil de todos los amores. Una especie de amor gravemente en peligro de extinción.

Hacía un par de meses que el Circo Hispano, en el que él Juan trabajaba había, por casualidades de la vida, contratado a una mujer barbuda. Pasaban por un pequeño pueblo de Extremadura llamado Onofre del Río y pararon a comer en una taberna/posada de las afueras. El director y dueño del circo juntaba a los artistas principales y les invitaba a comer, luego llevaban comida a los montadores. La cocina estaba a la vista tras una puerta de esas de vaivén, como la de las cantinas del viejo oeste. El director del circo, muy habido en eso de sacar petróleo de cualquier rincón, distinguió, de camino al baño, una joven alta sentada de espaldas a todos pelando patatas, a la vuelta, se fijó en el reflejo de la gran olla donde echaba las patatas y los ojos del director se iluminaron como lunas llenas. Había oído hablar de ellas de otros circos pero jamás se había encontrado con ninguna. Aquella joven sentada de espaldas pelando patatas en un rincón desconocido del mundo era una auténtica mujer barbuda. Inmediatamente, el director del circo, arrimó un taburete a la barra y se sentó con su copa de vino en la esquina donde estaba el posadero secando vasos. De cómos y porqués de lo que allí se habló jamás sabremos nada, el caso es que en esa misma sobremesa, aquella mujer con barba que tantos años había escondido su padre de las burlas y maltratos de la gente de aquel pueblo, se unió al Circo Hispano.

Todos regresaron en silencio, digiriendo la comida y este nuevo “fenómeno de la naturaleza”, así nos presentaba el director cada día en cada pueblo, que se había incorporado a nuestra pequeña familia.

Pasaron unos días y Eva, comenzó a relajarse entre los suyos, por fin no era ella la rara, el monstruo eran todos. 

Una tarde, tras la función, Juan se acercó a la parte trasera de la caravana en la que viajaba Eva, la mujer barbuda, y se dispuso a hablar con ella algo más que un simple saludo. Juan era muy fuerte de físico, pero muy tímido e indeciso a la hora de sociabilizar con alguien. Así que fue Eva la que tomó la iniciativa.

   ―Si. Lleva conmigo desde jovencita. Y si, me la podría cortar pero me crece rápido de nuevo. – se anticipó ella a contestar.

   ―¿Qué lees? –le preguntó el forzudo con una voz flojita, cargada de timidez, que no se correspondía con toda aquella mole de masa muscular.

   ―Moby Dick. La historia de un hombre obsesionado con cazar una gran ballena. ¿Lo has leído?

   ―¿Leer? yo no sé leer. Puedo hacer muchas cosas que otros no pueden pero no sé leer. Nunca me ha hecho falta. –añadió.

   ―Yo te enseñaré. Tenemos mucho tiempo por delante. Cuando aprendas a leer te darás cuenta de que si te hacía falta; viajar con las palabras, perderse en otros mundos, en playas escondidas o montañas interminables, enamorarse y desenamorarse; todo eso lo puedes hacer desde las profundidades de un buen libro, sin moverte del sitio.

Sin ni siquiera abrir la boca, Juan “el flaco” cogió un taburete y se sentó a su lado.

Así, durante muchos años y kilómetros, Eva, la mujer barbuda, y Juan “el flaco”, antepusieron la fuerza del amor a sus hazañas como monstruos o fenómenos de la naturaleza. Recorrieron toda la península leyendo todo tipo de libros que las gentes del lugar les regalaban o que el director del circo les compraba cada mes.

Y vivieron felices y comieron páginas y páginas de innumerables aventuras.

Colorín Colorado este relato ha terminado.






martes, 2 de noviembre de 2021

Queda (Jorge Romero)

 



Queda el eco de un ladrido

sobre la tierra hundida,

una huella firme sin aliento

igual que una imagen sin espejo

recién lastrada de tiempo,

Presencia huida a pesar  de mi presencia

que cubre de lágrimas mi escarcha

y tu pelo suave bajo el frío.


Queda la pena grabada

en mi memoria con la prisa

del tiempo muerto, esa batalla perdida

en una noche sin nombres

ni pasos nuevos sobre el barro,

sólo verbos grises por las calles

sin lamentos por tu ausencia.


Pero no tengas miedo amiga mía,

yo seguiré acudiendo,

pensaré tu nombre aún en silencio

y rodearé de letras tu ternura

para que nadie olvide,

que detrás del olvido reina la muerte

bajo la sombra lánguida del álamo herido.


Queda tu noble recuerdo,

un adiós  sordo sin despedida

y tu calor candente de madre eterna,

pero no tengas miedo amiga mía,

yo seguiré llenando con fuerza

el aire de sentimiento, como

los cómplices del quebranto

que allanarán la tierra sobre tu risa,

no tengas miedo amiga mía,

que allí seremos siempre como la brisa

la misma parte del mismo llanto.





lunes, 1 de noviembre de 2021

Requiem sim pace (Claudia Sánchez)

 

Yo atravesé las aguas del mar Menor, pisé sus algas blandas, curativas y sanadoras con su sustancia verdinegra y su esponjosa suavidad. Fue antes de que estuviera ese mar en coma, desfalleciendo.

Conocí la Peña de Martos antes de que tuviera un humo ‘marronuzco’ en su cielo, y antes de que se respira ese aroma extraño y las nubes dejaran de estar nítidas durante medio año.  Con ese aire enfermo, gravemente afectado.

Paseé y me bañé en playas de San José de Cabo de Gata cuando se encontraban casi vacías de gente, no estaban surcadas de colillas, ni salteadas indefinibles  plásticos, cuando los peces se asomaban a la orilla y si buceabas a menos de 15 centímetros de profundidad veías un arcoíris de plantas acuáticas y seres fascinantes. 

Apenas han pasado poco más que una veintena de años.









La plaga humana es invasiva, con sus nitratos, con sus humos oscuros, con sus polietilenos, todo lo va dejando medio difunto, muerto a cachos, réquiem sim pace. Un mundo fantasmal que va ampliando sus límites, que crece como lava en erupción continúa, volcán humano, lava aterradora que arrasa lo que pilla a su paso, como ahora en la Palma, pero ‘los cabeza de vaca’ somos nosotros, “tan sensibles”, “tan humanos”, aniquilando paisajes; paisajes que serán cementerios de una nada en la que ni siquiera se oirá el tranquilizador ruido de las carcomas y de los gusanos.

Archivo del Blog