lunes, 2 de octubre de 2017

Tienen gracia... o no

por Ricardo San Martín 

Ya lo han señalado estudios antropológicos: la Sierra Sur de Jaén es proclive a la aparición de santos y curanderos. Hay una larga tradición y en la mente de todos están los nombres de esos hombres y mujeres que un día, sin saber cómo, ni por qué, recibieron la gracia.

La gracia es ese poder especial que viene a recaer en aquella persona que desde ese momento parece tocado por unas capacidades cuasi divinas. No en balde las gentes de la zona hablan de santos y santas.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Los cazadores

- Mariana, levántate, que ya han llegado los primeros -dijo aquella mujer enjuta mientras abría enérgicamente los postigos de la ventana.
- Hoy no -fue lo único que respondió aquella casi niña antes de taparse por completo con la cobija de la cama.
Llevaba toda su vida, desde que la gente se empeñó en llamarla santa, atendiendo a todos aquellos que venían en busca de soluciones a sus problemas. Ella, cuando era pequeña creía que la gente estaba un poco mal de la cabeza. Se lo tomaba como un juego, y no podía ser de otro modo porque era tan solo una niña. En cambio, para su madre, aquello fue toda una bendición. Viuda desde que Mariana contaba con dos años, con otras tres hijas mayores, y a cargo de un hermano de su difunto marido que el pobrecito no andaba bien de su cabeza, el hecho de tener una hija santa fue la solución a todos los problemas que a tanta mujer sola en aquellos parajes se le podían plantear. Pero, ahora, Maríana parecía que ya se había cansado de aquella situación que absorbía por completo su vida, y que no la dejaba ser lo que era: una adolescente de diesicéis años, con ganas de ir al baile del domingo, echarse un novio con el que casarse y poder salir de esa situación que estaba empezando a asfixiarla.

La visita

por Rafa Vera

Andaba perdido por entre los angostos pasillos. Cuando acababa uno comenzaba el siguiente. Unas veces tan solo seguía hacia delante, otras llegaba a un cruce y tenía que decidir qué dirección tomar. Seguí los consejos que daba el gato Chesire a Alicia en el País de las Maravillas: si no sabes dónde quieres ir, cualquier camino es bueno.

Esquinas, cruces, sombras. Todo era soledad y cierta decadencia propia del abandono. Conforme me fijaba en los detalles, estos parecían envejecer más aún delante de mis ojos: flores que veía lustrosas se marchitaban en segundos, paredes encaladas que se desquebrajaban sólo con fijar la vista. El suelo, incluso, parecía ceder bajo mis pies aún en las zonas con gravilla.

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