lunes, 29 de enero de 2018

El cortejo que se pasó de moda

por Mari Carmen Arenas

Noche de viernes, tres amigos y final de exámenes. Se prenden las alarmas: hay una señal inequívoca que advierte fiesta y desenfreno. Ansían la noche, llevan meses encerrados en su cueva y necesitan desinhibirse elevando el índice alcohólico de su sangre, obligando a sus riñones a trabajar a marchas forzadas. Cenan en un restaurante de comida rápida unas hamburguesas con patatas fritas de origen ultracongelado y refrescos azucarados. Se van a un parque cercano y abren la botella de vodka que uno de ellos escondía bajo su chaqueta de polipiel. Queda inaugurada la fiesta. Utilizan el tapón a modo de vaso de chupito mientras que lo pasan de uno a otro hasta terminar la botella.

Unas tranquilas vacaciones

por Ricardo San Martín

Estaba deseando que llegaran aquellos días. Los necesitaba; después del arranque de la temporada de ventas en la empresa, los nervios de tratar con proveedores, negociar pedidos, lidiar con los representantes sindicales... por fin llegaba el puente de la Constitución y la Inmaculada.

El miércoles por la tarde, mi secretaria me despidió con una sonrisa:
- Que disfrute de estos cuatro días en Sierra Nevada, don Gonzalo. Se lo merece.

Aventura al Polo Sur

por Marina León

Una luz intensa me deslumbra. Sé que estoy tumbada en el suelo. Siento un tacto extraño en las manos. Entre mis dedos unas partículas blancas. Nieve. ¿Por qué no noto el frío? Hacía solo una semana que había llegado a la ciudad. Esa inmensa Los Ángeles: el lugar donde tus sueños se pueden convertir en realidad.

El sueño alcalaíno

por Ricardo San Martín Molina

Abro los ojos y veo el cielo completamente blanco, veo grandes copos de nieve que caen sobre mí. Sigo observando y veo altos rascacielos que se extienden hasta el infinito, hacia arriba. No sé dónde estoy. Estoy tirado en el suelo, intento moverme y no puedo. Se me cierran los ojos, creo que me he mareado. Intento no perder la consciencia otra vez. Giro la cabeza y veo una muchedumbre curiosa que se acerca en círculo, pero no me tocan. Vale, estoy tirado en mitad de la calle. Reconozco la zona, estoy a escasos metros de Wall Street, en pleno corazón de Manhattan.

Regreso feliz

por Colorado Jim

El todoterreno rodaba por un camino que daba acceso a un par de cortijos que había al otro extremo de donde ellos iban. Estaban llegando a un desvío, para seguir adelante por un camino forestal, que les llevaría unos cuantos kilómetros más arriba. Roberto paró el coche mientras gritaba enfurecido:

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