Quijotes desde el balcón

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sábado, 14 de febrero de 2015

"La Del Bar" (Por Jesús Lens. Dos años atrás)



"...pero jamás había entrado allí."


La del bar

Siempre aceleraba el paso cuando se acercaba a aquel bar. Sobre todo, a la caída de la tarde, al salir del trabajo. Lo hacía de forma inconsciente, creía. Pero no podía evitarlo. ¿Y si se le pegaba algo de la cutrez y la roña que el local parecía exudar por toda la fachada? ¿Y si el lamentable aroma a contumaces perdedores que mostraban los escasos parroquianos que frecuentan aquel local infame era contagioso? Por no hablar del dueño, un mostrenco que parecía salido del jurásico.

Abría siempre. Y a todas horas. Y nunca había nadie dentro. O casi. ¿Cómo era posible aquel milagro, sobre todo, cuando ya iban cuatro años largos de crisis y buena parte de los comercios de alrededor habían echado el cierre? Felipe estaba convencido de que aquel garito tenía que ser una tapadera, que habría un reservado pecaminoso al fondo del local o que el dueño se dedicaría al menudeo de drogas, pero tampoco es que aquellas disquisiciones le llevaran mucho tiempo ya que el bar, cercano a la oficina, estaba junto al parking en que tenía alquilada su plaza de garaje: apenas entraba en el coche, se desaflojaba el nudo de  la corbata, ponía algún disco de jazz y la cabeza se le iba hasta Ángela y las niñas.

Echaba jornadas maratonianas en la oficina, era cierto. Pero… ¡para quejarse, tal y como estaban las cosas! Precisamente por eso no había podido negarse cuando su jefa le dijo que, sintiéndolo mucho, tenían que trabajar aquel 31 de diciembre por la tarde. Que tenían que terminar aquel presupuesto, sí o también. Después, sería libre. Después, claro.

Felipe y Ángela habían reservado una casa en las Alpujarras para pasar aquel fin de año con la familia de su hermano. El gemelo. Y es que, además de la Nochevieja, tenían que celebrar que cumplían años. Y no una cifra cualquiera. ¡Celebraban los cuarenta! Llevaban tiempo planeándolo e iba a ser tan perfecto que hasta los partes meteorológicos habían previsto una nevada de las que hacen época para ese fin de semana.  

-         ¿Qué le pongo?
-         ¿Tiene Alhambra Especial en botellín?
-         Helada.

Si solo dos días antes le hubieran dicho que iba a estar acodado en aquella barra, en Nochevieja, se habría carcajeado. Pero sabía que la casa se le caería encima, si no se animaba un poco antes de llegar. Y aquel era el único local que había encontrado abierto. Ángela y las niñas ya estaban en las Alpujarras. Se habían ido por la mañana, con su hermano. Su jefa era una adicta al trabajo venida desde Valencia, sin familia ni amigos en la ciudad, que aún vivía en un hotel y que, efectivamente, no le dejó irse hasta cerca de las ocho de la tarde.

-         ¿Otra?
-         Si me hace el favor…
-         ¡Marchando!

¿Qué iba a hacer? ¿Conducir casi una hora para llegar a casa y comerse un bocadillo de mortadela, hartándose de llorar con “Qué bello es vivir” o alguna otra película navideña, mientras las luces del árbol de Navidad se encendían y apagaban, recordándole lo solo que estaba? Porque, efectivamente, el Meteosat no se había equivocado y la nevada que llevaba cayendo desde mediodía había obligado a cortar el acceso al remoto pueblo de la Alpujarra en que habían alquilado la casa. ¿No estaba firmemente decidido a perderse aquel fin de año? Pues, por perderse, hasta la fiesta de su cumpleaños se iba a perder.  

Entonces, entró.

Imposible no fijarse.

¡Otro mostrenco para la colección! Y eso que, dispersos por la barra, ya había un par de ellos que merecían estar en un museo. Solo que este se le sentó al lado. Y empezó a pegar la hebra.

-         Antonio, deja en paz al caballero, hombre de dios…
-         No. No se preocupe. Viene bien un poco de charla. Sobre todo, un día como hoy.

Ni al general Patton dando una orden le habrían hecho tanto caso sus soldados como aquellos parroquianos, que se giraron hacia Felipe, escuchando lo que tuviera que decir. Y él se sintió como Moisés, al bajar del monte de Sinaí. Ni en las presentaciones más exigentes al comité de dirección de la empresa, su figura había concitado tanto interés ni sus palabras habían despertado tanta atención.    

-         Es que mi mujer y mis hijas se han ido y claro…
-         No. Si eso no hace falta que nos lo explique. Está claro que un pollo como usted, por gusto, no entra a este bar. Lo que queremos saber es a lo que se dedica.
-         Pues trabajo aquí cerca. Soy director financiero de…
-         O sea, que sabe usted de negocios.
-         Algo sé, sí. Al menos, eso creo.
-         ¡Manolo, abre otras Alhambras, que vamos a ver lo que opina aquí el señor de nuestro proyecto!
-         Hombre, le agradezco la confianza, pero es que no he traído el portátil ni la tablet…
-         ¡Ande, ande! Qué cosas tiene usted…
-         Pero es que para hacer mi trabajo, en condiciones, necesito unas aplicaciones…
-         ¿Aplicaciones? Coja usted una servilleta y este boli y si nos aplicarnos el cuento, yo creo que nos apañamos, ¿no?

Al día siguiente, por la noche, Felipe se sentaba frente a la chimenea del alojamiento rural de las Alpujarras al que, por fin, había conseguido llegar para disfrutar de las vacaciones de navidad. Habían pasado el día en el campo, disfrutando del paisaje nevado, lanzándose bolas y haciendo muñecos con nariz de zanahoria. Bueno, en realidad, con ramas de árbol. Pero lo habían pasado en grande disfrutando de las vistas, del jamón de Trevélez y del vino del terreno.

Aprovechando que las niñas se acababan de dormir y que Ángela estaba jugando al Apalabrados, sacó un portafolios.

-         Cariño, ¿no me dijiste que habías terminado con el trabajo?
-         Esto no es trabajo, créeme.
-         ¿No? ¿Qué es, entonces?
-         Sueños. Son los sueños de un grupo de personas a las que la Nochevieja más surrealista de mi vida tuvo a bien poner felizmente en mi camino.

Jesús Lens     

domingo, 3 de noviembre de 2013

Incomodidad


Relato de Jesús Lens

...intenté centrarme nuevamente en el periódico...
Miré alrededor y no vi a ningún minusválido. Ni a ninguna señora mayor. O embarazada. De hecho, la gente que iba de pie en aquel vagón era porque le daba la gana ya que, sitios vacíos, había. No muchos, pero algunos quedaban.

Entonces, ¿por qué me miraba la gente de aquella manera?

Intenté centrarme nuevamente en el periódico, pero no hubo forma.

lunes, 15 de abril de 2013

Yo Voy ¿Quién Se Apunta?



El próximo jueves 25 no me pierdo la presentación del nuevo libro de Jesús Lens "Cineasta Blanco, Corazón Negro" (Aventuras y Desventuras Cinematográficas Del Continente Africano) 
  Además de que vi la película, en la que está inspirado el título del libro, me parece que el cine le debe, le ha debido siempre algún tipo de homenaje a África, y viceversa. Para bien o para mal en infinitud de títulos que hay de películas sobre éste, se han mostrado desde las maravillas más recónditas de África, hasta la explotación racial y la maldad extrema del hombre (se me ocurren mucho títulos que sería un absurdo ponerme a enumerar; ya los leeréis en el libro)  

Ya, el anterior libro de Jesús tocaba de lleno mi punto débil, el "cine de barra"... jejeje (nada más ver la portada supe que quería ese libro si o si) Café-Bar Cinema abrió la puertas a una amistad "de las güenas". Procuramos que el escritor se sintiera lo más a gusto posible cuando vino a hablarnos de su libro en nuestra parroquia habitual, el "Casablanca", y sé que así fue.

A partir de ahí ya todo ha ido creciendo, cine, cine, cine, libros, libros, libros, bares, bares, bares,... y sobre todos buenas AMISTADES en común. En definitiva, ¿qué mejor, para unir a las personas, que la cultura, llevada al terreno que sea? 

Pues quien quiera, ya sabe, en mi coche hay plazas libres, el próximo jueves 25 me bajo a la presentación del nuevo libro de mi amigo Jesús Lens.

viernes, 21 de diciembre de 2012

¿QUÉ NOS VA A PASAR?






Anoche, en representación del grupo de relatos, de los organizadores y participantes asiduos de los "Café & Letras" en Casablanca y, por supuesto, como deleite propio, asistí a la presentación de la redición (con motivo del estreno de la película homónima de Daniel Calpasoro) del libro INVASOR de Fernando Marías.

Llegué tarde, pero "oí misa y comí carne". El sitio era algo frío, demasiado color blanco a mi alrededor, y sobre todo demasiado ruido de TPV's, cinta de embalaje, clientes hablando en voz alta, vendedores ídem, etc. Pero el evento merecía la pena esforzar los sentidos y enterarse bien del percal. 
La conducción de la presentación y posteriores preguntas, corrían a cargo de Clara Peñalver, autora de la novela gótica SANGRE. Ésta supo extrapolar comparativas del Fernando Marías de antes y el de ahora, similitudes o diferencias de la primera edición del libro (2004) y esta redición con motivo de la película, gustos del autor, inspiraciones etc. 
Fernando estuvo muy tranquilo, como persona curtida en tablas en estas plazas que es, y los espectadores muy atentos a todas sus explicaciones, aclaraciones y anécdotas. 

Presentación de INVASOR (edición  2012) en Librerías Picasso

Finalmente, tras instar, la presentadora, a leer y disfrutar el libro, cosa de la que ya me habían convencido a lo largo de la presentación, finalizo el acto con la oportuna firma de éstos por parte del autor.

Libro INVASOR dedicado por el autor, para Alfredo Luque

Posterior al acto de presentación se pasó a las "obligadas" cañas para relajar el acto y darle un toque más humano y cercano. Y allí fue cuando pude conocer de cerca al autor, y disfrutar de conversaciones cruzadas entre Jesús Lens, Fernando Marías, Clara Peñalver, "Gerardo D. (jijiji)", Collin Bertholet y resto de amiguetes literarios, cinéfilos, amigos de siempre, etc...

 
El homenajeado escritor Fernado Marías y yo
Lens preguntando al escritor sobre el libro y la película INVASOR



Nos despedimos, siempre planeando nuevas "malignidades", quedadas de cine, literatura, palabras, y en general, de todo lo que nos dejen expresarnos sin "pasar por la tijera".

   Un abrazo a toda la gente que conocí anoche... 
                                           ¡Ya sabéis por donde tenéis una casa (y si es blanca mejor)!


  Nota:  No se  "qué nos va a pasar" pero tranquilos que   el mundo no se acaba hoy...







"You must remember this: A kiss is just a kiss, a sigh is just a sigh. 
The fundamental things apply: As time goes by"

lunes, 17 de diciembre de 2012

Presentando la Presentación


¡Gracias Nono! (sabía yo que te iba a gustar bastante el día de ayer)






CAFÉ-BAR CINEMA
Presentación efectuada por Nono Vázquez en Bar Musical Casablanca, 16 de diciembre de 2012

¿Quién no atesora en su educación sentimental un bar especial, una cafetería secreta o un club de referencia? En los bares arreglamos el mundo. En los cafés nos enamoramos. En la pista de baile perdemos la cabeza. Y el cine, prolongación de nuestra vida, así lo ha reflejado a lo largo de su historia.
Es una cita de nuestro invitado, como encabezamiento de un comunicado de prensa, y he querido destacarla porque resume en muy pocas palabras la motivación, la esencia, si ustedes quieren la propia razón de ser de un libro como Café-Bar Cinema. El cine nos traslada y nos embauca; casi hasta ejerce en nosotros una transmigración del alma. Sus escenarios son los nuestros, y hasta la realidad se ve a veces obligada a imitar la ficción del celuloide, porque sencillamente la necesita.
John Travolta y Samuel L. Jackson nos ilustran en Pulp Fiction sobre algo interesante: en París se puede pedir cerveza en un McDonalds. Mickey Rourke en Barfly es, ni más ni menos, el mejor borracho de la historia del cine: Buk. Suyas son las palabras:
Cualquiera puede ser un no borracho. Se requiere de un talento especial para ser un borracho. Se necesita resistencia. La resistencia es más importante que la verdad.
En Tomates verdes fritos un bar se convierte en el centro mundial de la reivindicación de los derechos de las mujeres, y Jesús Lens asegura que el Whistle Stop Café es un bar que todos querríamos tener al lado de casa. Estoy de acuerdo. Un destartalado saloon del lejano Oeste es un templo gracias a la gran pantalla, y a lo largo y ancho del cruel mundo los bares han sido el refugio de los amargados, el escaparate de los guapos, el escape de los solteros y la salvación del que busca un teléfono en Nueva York.
Como la vida, la ficción necesita los bares, y los encontramos de los más extraños pelajes, también en la pequeña pantalla. El Casi-ke-no, Central Perk, el Bar Reinolds, Cheers… escenarios familiares, tanto como los propios, en los que imitamos en no pocas ocasiones las aventuras que no somos capaces de inventar. Los bares son el remedio del tedio, pueden ser hasta una entidad de crédito, y con muy poco se puede conseguir que un bar, el bar de uno, se convierta en un bar de película.
Café-Bar Cinema es un compañero para salir de bares, y conocer a sus inquilinos. Todo bar tiene su fauna, y este libro es un ideal vecino de barra. A sus páginas hay que asomarse en paz; con el tiempo necesario para llegar a la hora del cierre. Aquí lo tenemos; lo estamos recomendando desde un bar en el que se juega, se habla, se navega, se estudia, se compone, se canta, se toca, se recita, se actúa, se propone, se divulga, se informa y, además, para rematar  lo que para muchos es una incongruencia, se anima a un consumo responsable. Hemos visto entrar por la puerta esta oportunidad, y la hemos aprovechado, aunque nos parece escuchar a lo lejos las palabras de Bogart en el Rick’s… o acaso son las de Julián, nuestro anfitrión mismo, diciendo:
De entre todos los cafés, de todas las ciudades del mundo, tuvo que venir al mío.
Tengan ustedes una placentera lectura de Café-Bar Cinema. Buen provecho.

(Para  l@s que se lo perdieron)

miércoles, 12 de diciembre de 2012

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