lunes, 17 de diciembre de 2012

Presentando la Presentación


¡Gracias Nono! (sabía yo que te iba a gustar bastante el día de ayer)






CAFÉ-BAR CINEMA
Presentación efectuada por Nono Vázquez en Bar Musical Casablanca, 16 de diciembre de 2012

¿Quién no atesora en su educación sentimental un bar especial, una cafetería secreta o un club de referencia? En los bares arreglamos el mundo. En los cafés nos enamoramos. En la pista de baile perdemos la cabeza. Y el cine, prolongación de nuestra vida, así lo ha reflejado a lo largo de su historia.
Es una cita de nuestro invitado, como encabezamiento de un comunicado de prensa, y he querido destacarla porque resume en muy pocas palabras la motivación, la esencia, si ustedes quieren la propia razón de ser de un libro como Café-Bar Cinema. El cine nos traslada y nos embauca; casi hasta ejerce en nosotros una transmigración del alma. Sus escenarios son los nuestros, y hasta la realidad se ve a veces obligada a imitar la ficción del celuloide, porque sencillamente la necesita.
John Travolta y Samuel L. Jackson nos ilustran en Pulp Fiction sobre algo interesante: en París se puede pedir cerveza en un McDonalds. Mickey Rourke en Barfly es, ni más ni menos, el mejor borracho de la historia del cine: Buk. Suyas son las palabras:
Cualquiera puede ser un no borracho. Se requiere de un talento especial para ser un borracho. Se necesita resistencia. La resistencia es más importante que la verdad.
En Tomates verdes fritos un bar se convierte en el centro mundial de la reivindicación de los derechos de las mujeres, y Jesús Lens asegura que el Whistle Stop Café es un bar que todos querríamos tener al lado de casa. Estoy de acuerdo. Un destartalado saloon del lejano Oeste es un templo gracias a la gran pantalla, y a lo largo y ancho del cruel mundo los bares han sido el refugio de los amargados, el escaparate de los guapos, el escape de los solteros y la salvación del que busca un teléfono en Nueva York.
Como la vida, la ficción necesita los bares, y los encontramos de los más extraños pelajes, también en la pequeña pantalla. El Casi-ke-no, Central Perk, el Bar Reinolds, Cheers… escenarios familiares, tanto como los propios, en los que imitamos en no pocas ocasiones las aventuras que no somos capaces de inventar. Los bares son el remedio del tedio, pueden ser hasta una entidad de crédito, y con muy poco se puede conseguir que un bar, el bar de uno, se convierta en un bar de película.
Café-Bar Cinema es un compañero para salir de bares, y conocer a sus inquilinos. Todo bar tiene su fauna, y este libro es un ideal vecino de barra. A sus páginas hay que asomarse en paz; con el tiempo necesario para llegar a la hora del cierre. Aquí lo tenemos; lo estamos recomendando desde un bar en el que se juega, se habla, se navega, se estudia, se compone, se canta, se toca, se recita, se actúa, se propone, se divulga, se informa y, además, para rematar  lo que para muchos es una incongruencia, se anima a un consumo responsable. Hemos visto entrar por la puerta esta oportunidad, y la hemos aprovechado, aunque nos parece escuchar a lo lejos las palabras de Bogart en el Rick’s… o acaso son las de Julián, nuestro anfitrión mismo, diciendo:
De entre todos los cafés, de todas las ciudades del mundo, tuvo que venir al mío.
Tengan ustedes una placentera lectura de Café-Bar Cinema. Buen provecho.

(Para  l@s que se lo perdieron)

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