domingo, 18 de marzo de 2012

El Secreto de los Desiluminati


Cuando llegaron junto a la máquina no podía creérselo. Tras una mañana de lo más intensa ahora, sin aliento y agotados, parecía que por fin iban a obtener su recompensa. “!La suerte por fin nos sonríe!” acertó a decir Teresa entre sollozos y ahogos. “De suerte nada”- tajó Pedro en peor estado –“tenemos exactamente lo que nos merecemos, no hemos llegado hasta aquí por casualidad, así que es de ley que los vencedores sean premiados”.

A los pocos segundos los engranajes de la máquina comenzaron a funcionar como por arte de magia. Todo el puzle no tenía otra misión que entregarles aquello que tanto ansiaban. Mucho tiempo habían estado esperando ese momento y se les hizo eterno ver como poco a poco les estaba siendo ofrecido.

“¡¡Quietos ahí!!” – tronó una voz unos metros por detrás –“Que hayáis sido los primeros en llegar hasta aquí nos os da derecho a acceder al secreto de los desiluminati.”

Teresa ni se volvió, estaba demasiado concentrada en coger aquello que la máquina estaba a punto de entregarles. Pedro sí, sobresaltado, no pudo más que preguntarle al anciano desarrapado que estaba detrás suya “¿Qué coño es esto? ¿Quién es usted y que le importa lo que hagamos?” – “Ah, hijo mío. Tu ignorancia me ofusca. Alguien que ha llegado tan lejos siguiendo las pistas ancestrales que los siglos se han encargado de ocultar, no puede ser sino el elegido. Y el elegido no puede ser sino un espíritu fuerte, sano e inteligente. “

“Pero no, no me digas cómo habéis conseguido acceder al secreto de los desiluminati. ¿Qué puedes contarme que yo ya no sepa? Como guardián de este secreto que soy conozco los entresijos de las pistas que os han traído hasta aquí como la planta de pié. Evidentemente lo primero que habéis encontrado es el círculo sagrado. Hecho de materiales mundanos para confundirse y pasar desapercibido no ha podido engañar a una mente superior como la vuestra. Cilindro, círculo, circunferencia… ¿Qué nos quiere decir, qué mensaje esconde? Sin lugar a dudas ¡el número Pi!”

“Esto, perdona abuelete, pero esto no es más que…” Pedro no pudo terminar su frase. El anciano estaba tan excitado con sus explicaciones . “Oh, la humildad, bendita virtud de los elegidos. Sabiendo que la logia de los desiluminati  se remonta a tiempos ancestrales, previos incluso a la aparición de la rotonda del Lidl, vosotros tendríais que remontaros también a los orígenes de ese número maldito. Un nombre, sólo uno al que dicha pista estaba señalando, pero… ¿Cuál? No podía ser otro que Wiliam Oughtred, el primer matemático en usar esa letra griega. Evidentemente fue miembro de nuestra logia, yo incluso tuve el honor de conocerlo en una sesión de ouija y el me habló guiando con mis manos el vaso de cristal de la Lechara que señalaba cada letra de su mensaje.”

A estas alturas Teresa estaba ya algo tensa. Estaban realmente cansados, muy agotados, y ese viejo parecía querer hacerles la vida imposible. A punto estaba a soltarle cuatro frescas cuando…

“Pero evidentemente Willy no podía ser ninguna clave, sino sólo otra pista que sólo los iniciados sabrían leer. Pocos grupos de sabios como nosotros han llegado hasta nuestros días, así que teniendo en cuenta que los desiluminati han ido evolucionando a través de los tiempos, debisteis buscar qué fue lo que catapultó a la historia a William.

Y vaya si dísteis con la pista. La regla de cálculo, instrumento que expandió las posibilidades del cálculo matemático, y si avanzamos en el tiempo esa regla se transformó con los años en lo que se conoce vulgarmente como calculadora de bolsillo. Hasta ahí cualquiera hubiera llegado sin mayor problema teniendo como teníais vosotros la circunferencia sagrada en vuestro poder. Y sobre todo habiendo visto en ella su valor, tal vez cientos o miles de humanos como vosotros o más feos incluso han podido tenerla para luego desprenderse de ella sin saber qué verdad ocultaba.”

Teresa ya no podía más “Mira viejo de los cojones, ¿Te meto dos hostias ya o me espero y las acumulo?” Pedro la sujetó, en el fondo estaba embelesado con las explicaciones de aquel anciano. “Prosiga, maestro” – le seguía el juego.

“Así que el viaje a la búsqueda de la siguiente indicación partía de la calculadora de bolsillo. Evidentemente la primera parada de ese periplo no podía ser otra que la Hewlet Packard, empresa que la diseñó. Incluso a este punto podría haber llegado cualquier profano, pero no sobrepasarlo. Para eso se necesitaría conocimiento más profundos sobre los desiluminati. Conocimientos que vosotros evidentemente poseéis. Mi logia no sólo domina las artes de la matemática, trigonometría e incluso la tabla de multiplicar hasta la del catorce (en adelante se reserva ese saber a los maestres), sino que también somos duchos en historia. Eso os abriría más el camino. Si bien el comienzo del viaje fue de manos de la ciencia, la continuación del mismo dependería de otra guía llamada historia.”

“Partiendo de la última pista conseguida, Hewlet Packard, y a sabiendas de que la historia nos desvelaría si siguiente jalón, no hay otra opción que comenzar por el principio: la creación de la compañía en 1939. ¿Qué pasó en ese año? Pues muchas cosas, más que en un capítulo de Arrayán. En este punto se diferencian los iniciados por los desiluminati de los profanos en la materia. No solo conocemos, dominamos y escribimos la ciencia y la historia, sino que también somos quienes en el nombre de la religión introducimos en los cerebros inferiores nuestras propias ideas. De la misma forma que dos más dos son cuatro, era deducible que la siguiente pista sería 1939 más religión es igual a la ilegalidad de todas las religiones por parte del régimen franquista a excepción de la católica.”

A estas alturas pedro ya estaba sentado embobado, y Teresa se había relajado. En lugar de querer matar a ese anciano ahora estaba deseosa de conocer el final de la historia. Al fin y al cabo estaba relatando con pelos y señales cada uno de los pasos que ellos mismos siguieron para llegar a ese oscuro secreto que bendeciría sus almas y daría vida a sus cuerpos. “No pare, maestro, que nos parece asombroso cómo es usted capaz de reproducir cada uno de los pasos que hemos seguido en este alucinante viaje.”

“Poco os quedaría ya para terminar este viaje. Tenéis a estas alturas todas las piezas, sólo faltaría encajarlas. Y como conocedores de la historia seguro que habéis seguido una de las máximas más celebres que enunció Josefina en su noche de bodas: ‘no sólo hay que saber encajar las piezas, sino hacerlo en su sitio correcto’. De tal manera que tenemos sobre el tablero ciencia y religión. Como desiluminatis que sois, haber llegado hasta aquí os otorga ese privilegio, debéis de pensar verdaderamente a lo grande. Y lo más grande de la religión es eso que llamamos dios, mientras que lo más grande que nos ha dado la ciencia es aquello que llamamos máquina.”

“Deus ex machina. Dios es máquina, es ese elemento que entra en cualquier historia para ponerle fin. Y en esta historia vuestro fin era saciar la sed de sabiduría, de tal manera que a través de la circunferencia sagrada conjugada con la máquina obtendríais aquello que os saciaría. ¿Se me ha pasado algo?”

“No maestro, ha estado usted acertado absolutamente en todo. Cierto es que aunque teníamos alguna que otra circunferencia sagrada ninguna de ellas tenía el poder que esta original de los desiluminati. La nuestras era todas de dos euros, así que al encontrar la de uno que había en el cajetín de la máquina de refrescos pensamos que era una señal. ¡Que íbamos a saber nosotros que estaba puesta ahí adrede por una logia ancestral! Pero el desenlace si que ha sido acertado: nuestra sed de haber corrido 8 kilómetros haciendo footing se han saciado completamente con este acuarius sabor cola que acabamos de sacar de la máqina. Como ofrenda no tenemos menos que hacerle entrega de esta circunferencia mágica de valor doble para que prosiga sus honorables enseñanzas por el mundo.”

Dicho esto se fue la pareja con sus mochilas calle arriba, comentando lo absurdo de su situación. Mientras el anciano acariciaba la moneda de dos euros y susurraba “no mereces sino estar expuesta en un templo, y cual mejor que la taberna, así pues hágase su voluntad y obtenga yo mis buenos vinos como pago”.

2 comentarios:

ruyelcid dijo...

Si es que Deux ex Machina y "Deux ex Coca-Cola & Co. (Sensación de Vivir)
La de veces que, sediento a muerte, he pensado yo en chupar aunque sea alguno de los periquitos que riegan las patatas, al pasar corriendo por algún carril colindante.

Kaizen dijo...

y un gran final para rematar... me encanta!


Deus ex machina... nec deus intersit, nisi dignus vindice modus.

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