miércoles, 16 de enero de 2013

La orden de los Vivos




Este relato dio origen a la idea que La Comparsa de Alcalá ha desarrollado en su proyecto para su participación en el concurso de agrupaciones del Carnaval de Alcalá la Real 2013, llamado precisamente La Orden de los Vivos. Al final, uno de los pasodobles del repertorio de esta comparsa en 2011 (El tiempo en tus manos), dedicado a las aldeas de Alcalá la Real.

...el agua está racionada, y los delincuentes trafican con ella...


Me llamo Yoiris y soy uno de los seres humanos más viejos del planeta. Eso creo. Anormalmente longevo, mi cuerpo está a punto de cumplir ya cuarenta y cuatro años. La esperanza de vida en la actualidad no supera en mucho los treinta y cinco. Estamos en el año 2407 de la antigua era cristiana, el año 199 de la nueva, tras la última gran guerra entre nosotros, la decimoctava, que enfrentó al apenas millón y medio de seres humanos de la tierra. Mis libros aseguran que a mediados del siglo XXI la población mundial superaba los seis mil millones de personas. Las contiendas, pero sobre todo el deterioro del medio ambiente, supuso que prácticamente todo el hemisferio sur quedase borrado, como si fuera un territorio fantasma. Todo ser vivo de esa zona desapareció hace doscientos años y sólo es posible encontrarse con alguna expedición, que sigue saqueando los pocos recursos que quedan en esos lugares.

Mis libros han sido mi única compañía en los últimos tres lustros, desde que fui considerado inútil para trabajar. He dedicado parte del final de mi vida a aprender el idioma existente en la era anterior, que ha quedado reducido a signos y abreviaturas. A finales del siglo XXI existían cientos de lenguas en la tierra, pero prácticamente ya nadie conocía la suya propia, y se impuso una especie de híbrido con el que las personas y los ordenadores se comunicaban a lo largo del mundo. Es la única que tenemos ahora, y su fonética consiste en gruñidos y sonidos secos, fáciles de entender por todos. En mi biblioteca he podido aprender mucho de la vida anterior, y me he esforzado mucho para poder escribir estas palabras en la antigua lengua. He conocido las propiedades del agua, y he podido saber que hubo un tiempo en el que los alimentos abundaban y la tierra producía sustento y energía para el planeta. Tal vez eso me ha hecho más desgraciado.

Actualmente el agua está racionada, y los delincuentes trafican con ella. No tenemos vehículos. En el pasado los hombres se movían en carruajes autónomos que llamaban automóviles. Cuando la energía que los movía se agotó los científicos descubrieron un motor de agua que adaptaron a los antiguos vehículos, pero hace un siglo que tuvieron que destruirlos, porque el agua también empezó a escasear. Los cultivos son mínimos, apenas unas algas que aún nos proporciona el mar y cereales. Son la base de nuestra vida. No hay lluvia, y cuando la hay son severas tormentas que destruyen todo a su paso. El trigo y el maíz son los alimentos más abundantes, y desde hace casi trescientos años los frutales son esqueletos sin vida. Muchos de mis congéneres no saben ni que existieron. Es mucho mejor para ellos.

La decadente sociedad actual está gobernada por una casta de privilegiados: la Orden de los Vivos. Una veintena de ellos, los cardenes, son los únicos a los que les está permitido engendrar hijos, que tienen la misma función que tuvo el ganado en la era anterior. Al nacer, los nuevos ciudadanos son separados por sexos. Las mujeres son apartadas y su única función será tener más hijos en el futuro. Los hombres son vigilados desde pequeños y catalogados según sus características, bien para el trabajo o bien para formar parte de la orden llegados a los trece años de edad. El trabajo que realizamos es servil. Nuestra función es retorcernos por sacar algo de la poca tierra que aún queda fértil, distribuir el agua y enterrar a los muertos. No existe diferenciación étnica entre nosotros, como la hubo con anterioridad, millones de razas diferentes en el planeta. Hoy sólo existimos nosotros.

La Orden de los Vivos lidera el gobierno y también ejerce el poder religioso. El prior de la orden es la divinidad absoluta y él ejerce la máxima autoridad civil. Es el Regi. Sus decisiones son ley y, a la vez, mensaje divino. Nuestra vida es propiedad exclusiva del Regi. Decide si un niño vive o muere tras nacer, porque muchos de ellos vienen al mundo con apreciables defectos congénitos. Decide sobre la comida y dicta las órdenes de racionamiento del agua. Cuando el Regi muere, el cardene de menor edad ocupa su lugar de manera instantánea, y el resto eligen un nuevo miembro de su selecto grupo. Así ha sido durante tres siglos. He podido saber que en épocas anteriores la mayoría de países poseían un sistema de elección de gobernantes llamado democracia. Los hombres y las mujeres tenían derecho a elegir a otros hombres y mujeres que les gobernaban, y formaban parlamentos, y los gobiernos daban explicaciones… Eso es impensable hoy. La Orden de los Vivos es la única forma de llegar al gobierno. Por no elegir, no elegimos ni lo que podemos pensar.

La única música que escuchamos es la de las sirenas, cuyo código conocemos y que nos indican que es la hora de comer, de dormir o de morir. Anteriormente hubo un universo de músicas, que hoy ha quedado extinguido y del que no queda absolutamente nada. Al parecer la gente aprendió a guardar la música en el siglo XX en una especie de placas brillantes y redondas, de las que conservo unas cuantas. Daría mi vida por poder escucharlas.

No somos culpables de nada. Somos lo que somos porque otros nos hicieron así con anterioridad. Nuestro destino está sentenciado en el pasado. Los que quisieron adueñarse del mundo sólo consiguieron destruirlo. La herencia que dejó el siglo XXI fue muerte, destrucción y una sociedad alienada y sin otro sentido más allá que el de proporcionar una vida algo más acomodada al Regi y los cardenes de la Orden de los Vivos. Si hubiera una forma de que aquellos irresponsables vieran en qué se ha convertido su desprecio por el tesoro que poseían…


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