martes, 28 de enero de 2014

El Evento

Día 1

EL HORIZONTE QUE MIRABA HACIA EL MAR


Había bebido más de la cuenta en la cafetería de Barajas, sin contar con el lapidado mini-bar del Hotel,  pero Jorge se sentía tan bien, como si nada hubiera pasado. Es más, desde aquel momento, tenía tan perdida la idea de una conciencia acerca de el bien y el mal, que realmente le importaba un pimiento. Así que se lo contó todo a Mesón. El viejo Jaime Mesón. Un agente doble con el que coincidió en un "trabajito" en el París del 1963, y al que había perdonado la vida, justo unos dias antes de que se produjera el intento de asesinato del General De Gaulle, de manos del carismático terrorista internacional "Chacal". Tenia gracia el asunto: haber acudido al viejo amigo Jaime. El Jaime Mesón con el que más tarde comentaría aquella jugada del Chacal, sentados ambos en la terraza del café Pierrot, bebiendo "Pastis" y cantando insulsas cancioncillas,  junto a la otra orilla bohemia del Sena. -El viejo Mesón- se dijo riendo para sus adentros, mientras soltaba una profunda exhalación y se encaminaba hacia la salida de la terminal.

Raúl Castro , Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, desde 1959 y hermano del hombre más importante de Cuba, le había telefoneado aquella misma mañana. Debía acudir a toda prisa a la Habana, pues el asunto era de tal urgencia, que, al parecer, requería su presencia el mismísimo Fidel. - Mierda - , masculló mientras los botones en forma de colmillo jabalinesco de su trenka de fieltro beige atrapaban férreamente su corbata gris, cuando intentó asir la pesada maleta que ya corría endiabladamente sobre la cinta transportadora de equipajes. Se empapó el sudor con un pañuelo amarillento que extrajo del bolsillo y se apresuró con paso firma hacia la salida. No sabía cuanto tiempo tenía. Horas o quizás minutos. En estos asuntos nunca se sabía.

Un inmensa limousina Seat 1500 negra le esperaba con la portezuela entrabierta en la salida la terminal. Pudo distinguir a través del cristal de la ventanilla, una desgarbada figura rematada con un sombrero gris, junto al conductor. Sin mediar palabra el chofer le hizo el gesto. Un gesto inequívoco, que no dudó en interpretar, mientras el chofer cerraba con fuerza  tras de si. Intentó acomodarse en el amplio asiento trasero, pero los dos robustos tipos que le flanqueaban, le atrapaban en el centro como un bocadillo de tortilla de patatas. A juzgar por el corte de sus atuendos, sin duda eran del Servicio Secreto,o al menos del Ministerio, pero había algo demasiado familiar en ellos; algo que sólo podía percibir alguien que llevaba mas de 35 años en "La Compañía". Alguien como Jorge Mula.

El Seat arrancó con un chirrido estridente de neumáticos abandonando velozmente el acceso y subiendo la empinada rampa que daba a la carretera nacional. No dejaba de intuir algo extraño en todo aquello. Si el mismo Castro le había mandado llamar, ¿porqué le recogía un coche oficial del Ministerio? ¿Porque no habría ido a recibirlo alguien de la embajada en persona? Sin duda algo no cuadraba. El Seat se desvió hacia la salida de Cuatro Vientos, con otro chirrido de neumáticos. El individuo del sombrero gris junto al conductor tambien le resultaba extrañamente silencioso y familiar. Aunque no había podido ver por completo su rostro, el simple hecho de observar su figura encorvada de espaldas, le producía escalofrios...CONTINUARA.

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