jueves, 22 de junio de 2017

Visados

A los de allí

(de la sección RELATOS CON ERRE, IDEAL Alcalá La Real)

Yo lo veía a él y viceversa, y sentía un leve escalofrío justo en ese instante.

Y allí me vi, boca abajo, sangrando y sin las
botas ni la mochila (foto: The Skywaspink)
No fue tan difícil como yo creía encontrar el trabajo que fuera. Me pateé en dos mañanas todos los rincones de los muelles de Liverpool. Mi dominio del inglés y mi ofrecimiento a trabajar en lo que fuera me dieron mi primera oportunidad.

Trabajaba en T&S Charge, empresa de carga/descarga y reparto de grandes mercancías. Empecé como ayudante del carretillero; puesto siguiente al que ascendí con facilidad dado mi manejo de aquel vehículo y el carnet habilitado para ello en toda Europa.

La verdad que para lo que estaba acostumbrado en mi España del alma, aquí pagaban bastante bien este tipo de trabajos. Pero, claro está, el nivel de vida y los precios son bastante más altos que en casa.

Decidí, para no cagarla con el tema de las puntualidades británicas, coger el taxi en mis primeros meses de trabajador en los muelles. Además, había bonos y descuentos para nosotros, siempre que el taxi viajara lleno, que lo hacía.

Todas las mañanas, justo unos metros antes de la entrada principal a los muelles de la zona sur, me quedaba mirando a un vagabundo que había sentado en un cruce de vías del tren abandonado. Llevaba una castigada chaqueta de piel marrón, un oscuro gorro de lana, barba y bigote; todo como formando una única pieza. Conjuntando un halo de siniestra penumbra en todo su semblante. Yo lo veía a él y viceversa y cada mañana sentía un leve escalofrío justo en ese instante.

De siempre me ha gustado imaginar las vidas, los porqués de la gente y sus consecuencias. Supongo que aquel vagabundo sería un antiguo trabajador de los muelles, que por algún motivo perdió su empleo y ahora vagabundea por la única zona de Liverpool por la que se ha sentido útil.

Una mañana de lunes con la noche aún sin llegar a despedirse y su blanca respiración mojándonos los tobillos, se vislumbraban juegos de luces de colores en la distancia, en dirección a la entrada de los muelles. Ya al acercarse el taxi, le pedí que aminorara el ritmo todo lo posible para ver qué había sucedido y allí distinguí, entre el tumulto de policías y personal sanitario de emergencia, la chaqueta y el gorro del vagabundo, de mi vagabundo de cada mañana. Me quedé un rato tras el cordón policial para ver qué podía haber pasado. Cuando lo giraron, aquel hombre tenía toda la ropa y las manos empapadas en sangre, y un gran cuchillo con el que se había cortado el cuello. “NO BACK” (NO VUELVO) había escrito con tiza en el suelo. El forense sacó la cartera y leyó:
Luís Carlos Pérez Sánchez. Permiso de residencia Invalidado. Permiso Laboral en Reino Unido Invalidado.
En unos minutos el encargado jefe de la empresa causante de su invalidez laboral en Reino Unido, el patrón regional de T&S Charge, les contó a la policía que aquél hombre, en el segundo día de trabajo en su empresa, subió a una carretilla en plena descarga de un conteiner y arrojó al carretillero contra unos hierros de amarre, con la mala suerte de que se partió la tibia y quedó invalidado para ese puesto posiblemente para siempre. Inmediatamente procedí a su despido y la familia del accidentado denunció los hechos ante la ley. Desde entonces vaga por estos alrededores, de forma casi irreconocible, como deseando no ser encontrado y devuelto a su país de origen.



Me llamo  Luís Carlos Pérez Sánchez. Morí de accidente laboral en mi segundo día de trabajo en los muelles de Liverpool. El encargado de carretillas me golpeó contra el hierro de amarré en el cráneo y me partió la tibia de una patada con las botas de refuerzo en la punta. Desde entonces, mi alma, cada vez más envenenada, ha ido esperando el día que en que poder vengarme de aquel que cortó de cuajo mi sueño de hacer vida en esta maravillosa ciudad, de aquel que antepuso su egoísmo como excusa ante mi muerte. Y así seguiré ciclo tras ciclo esperando un perdón que no llega a orillas del Mar de Irlanda y arropado por las verdades silenciosas del Río Mersey.

1 comentario:

Jorge Romero Aranda dijo...

Me encanta como tejes el relato, muy original, gracias por compartirlo

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