lunes, 11 de enero de 2010

Cuento de Navidad

Cuento de Navidad


Hugo

La noche anterior al misterioso día de los Reyes Magos muchos niños están pensando, calentitos en sus camas, en los regalos que recibirán a la mañana siguiente. Se preguntan, asustados, si esos omnipotentes y sabihondos reyes recibieron a tiempo sus cartas. Y sienten miedo de que se hayan enterado de ciertas travesuras…

Sin embargo, Hugo sabía que toda esa historia de los Reyes Magos no era cierta. Le fastidiaba que su familia aún siguiera con esa farsa, pues sus primos y él ya eran bastante mayores como para intuirlo. Aunque, de todas formas, era el único que estaba seguro de que no existían ningunos reyes que se dedicaran a dejar regalos a los niños materialistas del mundo capitalista de Occidente. “¿Por qué vamos a tenerlo todo nosotros?”, se preguntaba a menudo. Quedaba claro que Hugo tenía conciencia social, pero no creía en la magia.

Por eso, quizá, o porque de verdad pasan estas cosas (y no porque sean fechas señaladas, sino porque a veces ocurren) que la noche del día 5 Hugo tuvo una visita muy especial, y no tenía nada que ver con gente coronada. El Hada del Sueño, contratada por El Corte Inglés (rey de las finanzas del mundo cotidiano y del sobrenatural), fue a ver a este niño escéptico, pero con corazón. El Hada del Sueño actúa de una manera peculiar: se introduce por la oreja de las personas y, desde allí, accede al cerebro, lista para crear un sueño muy real.

Hugo soñó con otro mundo. No era un más allá ni tampoco era un mundo paralelo. Era su mundo, el mundo de todos, pero ligeramente modificado. Las Hadas no se tenían que esconder y los Duendes, a pesar de su mal humor, eran respetados (y por fin se libraron de las persecuciones). Ambas especies se consideraban de la misma forma que al ser humano y ayudaban a todos los seres vivos del planeta. Gracias a ellos no había guerras en el mundo, y se combatía el hambre. Pero, a pesar de que la magia de estas dos especies era un factor importante, se necesitaba a gente que creyera en ellos. Y para eso utilizaban a los niños. En ese mundo todos las personas creían en ellos (¿cómo no creer si estaban a la vista de cualquiera?), pero, para llegar hasta ese punto, había sido determinante que todos los niños del mundo creyeran con fuerza en cualquier criatura sobrenatural. Gracias al esfuerzo de los niños, los adultos empezaron a darse cuenta de que algo cambiaba. Y así, lo extraño, lo inexplicable y lo raro, se convirtió en lo normal, lo natural y lo cotidiano.

Hugo se despertó sobresaltado. Se sentía muy culpable. ¿Y si era por niños como él que no había ni hadas ni duendes? ¿Y si era por esos niños por los que no se mostraban al mundo y no podían ayudar a otros niños (y otras personas) tan necesitados? … Era muy temprano, pero aún así se levantó para ver los paquetes de regalos envueltos. Hugo estuvo a segundos de agradecer sus regalos a los Reyes, a las Hadas o a los Duendes, pero en el último momento, consiguió detener su cerebro y pensó: “el año que viene, pido dinero y me voy de misionero (pero apartado de cualquier religión)”. De esta forma, Hugo decidió que él mismo sería un hada.

n.c.g.2010.

2 comentarios:

ruyelcid dijo...

"Hugo es la estrella..."

Lenmelon dijo...

Que pequeñin y que gran hombre.

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