martes, 1 de junio de 2010

El Hijoputa

Evaristo se levantó esa mañana como cualquier miércoles. Remoloneó un cuarto de hora en la cama y finalmente bajó a la cocina a desayunar. Sus padres estaban ya terminando el café y las tostadas cuando entró a la cocina. De repente se notó algo extraño.

Como si alguien desde fuera controlara sus actos se dirigió hacia el plato de su madre, le quitó la tostada y de un bocado la engulló.

-”Oh, no, dios mío, ya ha pasado”- decía la madre con lágrimas en los ojos. -”Tarde o temprano tenía que ocurrir”- respondía el padre -”aunque los médicos nos dieron hasta los treinta años de plazo y apenas acaba de cumplir los veintidós”-

Es verdad, hoy era su cumpleaños. ¿Por eso se sentía así? ¿A qué se refería la madre con lo de “ya ha pasado”? Sin ganas de calentarse mucho la cabeza se despidió de sus progenitores con un infrecuente “¡Que os follen!” y salió hacia la facultad.

-“¿Les he dicho a mis padres que les follen? Esto es muy raro, yo no soy así. Lo peor de todo es que no me siento mal, ni mucho menos. Joder, yo que tenía remordimientos cuando me iba a la cama sin darles las buenas noches y ahora mira, mandándolos a tomar por culo sin darme apenas importancia.”

Mientras andaba por la calle, apenas a veinte minutos de la facultad, siguió notando ese extraño efecto con el que se había despertado. Jugueteando con las llaves iba rayando los coches que encontraba a su paso. Rompió la rama de un árbol y la usó para bloquearle la rueda a un ciclista que no tuvo más opción que irse al suelo.

Con las manos en los bolsillos entró al viejo edificio, no quería hacer daño a nadie, pero por alguna extraña razón no podía evitarlo. Se sentía manejado como en un videojuego por un niño gordo y cabrón.

Tras cuatro o cinco zancadillas escuchó como el rector, doctor en medicina y amigo de toda la vida de la familia lo llamaba a voces desde el pasillo.

-”¡Evaristo, Evaristo! Ven a mi despacho a la de ya”- Broncazo al canto, se esperaba. Pero al entrar vio que no podía estar más equivocado.

-”Evaristo, hijo, siéntate. Me han llamado tus padres para contarme el incidente de esta mañana. Por eso he juntado a un par de colegas, los que te trataron al nacer, para una reunión de urgencia”
-”¿Reunión de urgencia, “los que me trataron”...? Mire don Jacinto, yo le tengo mucho aprecio, pero está usted hoy de un gilipollas que no le aguanta ni la cornuda de su madre”. Ooohhhh dijeron los otros médicos que había en la sala asientiendo orgullosamente con la cabeza.

Uno de ellos, un canijo calvete con gafas de pasta de mil dioptrías le dijo a don Jacinto: “Esto es mucho mejor de lo que nos esperábamos. Creo que hablo en nombre de todos los presentes cuando digo que es usted un genio.” Los demás señores volvieron a asentir con la cabeza.

-“¿Qué coño está pasando?” Dijo Evaristo notablemente alterado.
-“Querido Evaristo, eres un gran hijoputa”.
-“¿Perdón? No me he levantado esta mañana para venir a la mierda de facultad de medicina y que un viejo rancio y putero me insulte”.
-”Nada más lejos, querido Evaristo. Muy al contrario, te estoy felicitando. No te lo hemos contado nunca, pero cuando naciste propuse a tus padres hacer un experimento. Alteramos tu ADN artificialmente y te infiltramos unas pequeñas dosis de hijoputismo concentrado. Para sorpresa de todos resultaste ser buena persona. Eso hizo que el propio virus se fuera clonando a sí mismo para infectar al resto de células con hijoputismo y poder sobrevivir. Por el ritmo del contagio predije que a los treinta más o menos llegarían a su apogeo, pero cual no será mi sorpresa cuando veo que ocho años antes ya está plenamente desarrollado.”

-”A ver, a ver, quieto ahí. ¿Me estás diciendo que las putadas que estoy haciendo hoy son producto de una especie de experimento del doctor Bacterio?”

-”En efecto, ¡Y ha resultado ser todo un éxito!”

-”¡Qué éxito ni que pollas! Joder, viejo mamón, estoy en ya tercero, a un año de licenciarme y comenzar mi carrera como traumatólogo y ahora vas tu tiras por tierra todo el trabajo de estos años.”

-”Muy al contrario, querida cobaya humana, ahora es cuando está preparado para enfrentarte al mundo. Siendo buena persona te comían vivo por los pies. Te han robado ya siete bicis con la excusa de pedírtela para un paseo. Todos los ahorros del viaje a Amsterdam se los dejaste a un colega para montar un bar, quedántote sin dinero y sin colega. Ahora que ya eres un hijoputa, y bastante mejor de lo planeado en un principio, tienes la oportunidad de reclamar lo que es tuyo, de trepar por encima de tus compañeros para llegar más alto. En resumen, ya eres lo suficientemente hijoputa para triunfar y ser lo que tu quieras: político, camarero, informático... “

-”Pero... pero... ¿Como voy a llegar a nada siendo tan hijoputa?”

“Hijo mío”- dijo don Evaristo -”veo que además de hijoputa sigues siendo tonto. No ha problema” y pulsando el botón del intercomunicador que tenía sobre la mesa dijo “Señorita Virtudes, tráigame el maletín que tengo en el maletero de mi coche, el que pone emergencias”-

4 comentarios:

ruyelcid dijo...

Y que razón tienes; para triunfar en esta vida... hay que ser un gran...:

http://www.youtube.com/watch?v=V1NnmRmDLc4

Anónimo dijo...

Yo lo he pensado muchas veces: ¿como educaré a mi hijo? ¿En los valores morales en boca de todos en lo politicamente correcto, para que se tope con la realidad de que si no eres un hijoputa seras un desgraciado? Es un dilema... Los niños de hoy en dia en su gran mayoria sale hijoputas producto de sistemas educativos pesimos, de unos padres sin educacion y de unos medios de comunicacion que deberian estar censurados cuando menos... en fin, tendre que buscar ADN de hijoputa... Un gran relato en horabuena!!!

El_Rafa dijo...

En el punto medio está la virtud, amigo anónimo. Un poco de hijoputismo combinado con algunas dosis de buenagentismo es la garantía para salir adelante.

Dicen, así que habrá que probarlo.

oicor dijo...

Qué bueno, ¡¡¡me ha encantado!!!

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