martes, 30 de noviembre de 2010

DIARIO DE UN UNIVERSITARIO (II)




Cinco míseros minutos pueden significar cien sonrisas y cien alegrías. Después de casi ocho horas despierto, salir cinco minutos antes puede dar la vida a esas cien personas. Menos colas para coger el bus, menos agobios dentro del bus, antes llegará el bus…

Ahora llega la gran odisea: la hora de comer. ¿Por qué Dios no le habrá dado a los universitarios el don del ser un buen ‘cocinitas’? Él, siempre que volvía al pueblo, rogaba que sus padres tuvieran comida de sobra para poder comer bien durante toda la semana. Todos los viernes y domingos en la maleta, tuppers pa’rriba, tuppers pa’bajo… Qué mareo tendrían ya los tuppers (además heredados) después de tantos años…

Menos mal que los Italianos idearon menús sencillos. ¿Qué hubieran hecho universitarios como él sin idea de cocinar? Menús como pasta con tomate, pizzas o lasañas ya están en el menú de todos los estudiantes fuera de casa, que ya los han asumido como suyos, como su especialidad. La gran mayoría también es especialista en las papas fritas con huevos, pero él no se hacía de eso, no le gustaba desayunar y almorzar lo mismo dos veces al día…

¿Decíamos que la odisea era hacer la comida? ¡Dios, no se había acordado! Al llegar a la cocina él se asusta, no sabe cómo pero siempre pasa igual… ¡Menudo cerro de platos que hay para lavar! Para él, la gran odisea no era hacer la comida… ¡siempre era fregar los platos!

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