jueves, 25 de noviembre de 2010

DIARIO DE UN UNIVERSITARIO ( 1ª parte)



DIARIO DE UN UNIVERSITARIO (I)


Comenzaban a entrar los primeros rayos del sol entre las rajitas de la persiana cuando sonaba el despertador. Él ya estaba despierto. Diecisiete años con la misma rutina, un día tras otro, ya le habían conferido ese hábito.

Afeitarse, ducharse tras haber salido a correr por un rato eran tareas obligadas todas las mañanas, seguidas de unas tostadas o un sándwich para poder hacer algo más llevadera el hambre matutina.

Ocho punto treinta, Hora 0 del día, comienzan las clases. El tiempo ha ido restando elementos a la mañana. Antes había colas para entrar, timbre para avisar o el ‘profe’ parar organizar. Ahora está la responsabilidad a cargo de cada uno, si quieres vienes, sino te pierdes.

Seis horas en la mañana que tienen un ciclo cambiante de ánimos. Primera estación, el sueño. Dos horitas en las que no puede sacar ni una palabra al compañero, que lucha una batalla interna contra el sopor mañanero. Uff, menos mal, las 10,30 de la mañana, hora del desayuno. Corren ríos de sangre por un pequeño hueco en la barra para pedir. Cafés, tostadas, bocatas… Por pedir, se piden hasta “leches”… Él no, su madre le ha dicho siempre que él era especial, y él ya se lo ha creído… Más chulo que un ocho se pide su ración de papas con huevos y filetes de ternera, “que anoche no cené” les explica a sus amigos.

El trasiego ya les ha despertado a todos, pero sólo hasta la una, hora de la cerveza que nunca se pueden tomar. Los ánimos bajan, el sopor sube: el ciclo se ha cerrado.

To be continued…

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