domingo, 12 de diciembre de 2010

El trampolín

-¡Triple salto mortal con tirabuzón a la derecha hacía yo cuándo tenía la mitad de años que tienes tú!- Repite Felisa cada vez que voy a visitarla a la clínica. Es mi paciente preferida.
- Felisa, tú nunca has sabido nadar.
- No, nunca…- Deja pasar veinte segundos y sigue- desde lo alto del trampolín podía ver kilómetros a mi alrededor me sentía… ¡la dueña del mundo!
Yo voy para obligarla a moverse, terapia de rehabilitación, por una extraña caída desde un tercer piso lleva cincuenta años viviendo un ensueño y a los sesenta y muchos, le cuesta moverse, comer y hasta respirar.
- Felisa, ponte de pie, vamos a dar un paseo.
Pero de un manotazo me empuja de vuelta a la silla.
- ¡Déjame volar! Cómo cuándo por fin me decidía y me lanzaba a la piscina… Mientras caía tenía tiempo de imaginar que era un pájaro, una golondrina, que en unos cuántos aletazos era capaz de huir hacia tierras mejores. Luego llegaba al agua y al sumergirme…
- Felisa, hoy estás dispersa, eh!! ¿Has tomado la medicación?- Pero ella sigue en su mundo inventado.
- ¿Tú quién eres? ¿Qué haces debajo del agua? Desde lo alto del trampolín no te había visto. Me gusta estar aquí bajo el agua, escondida…- Entonces mete la cabeza entre las piernas y de una sacudida se pone en pie- ¡Una pena que haya que salir afuera para respirar!
Y comienza a mover los brazos y las piernas como si verdaderamente estuviera metida en una piscina, manteniéndose a flote. De repente para y vuelve bruscamente a sentarse en el sillón.
- Felisa, ¿Qué ha pasado? ¿Por qué has salido tan pronto del agua?
- ¡Viene mi padre! He visto su boina acercarse desde el otro lado de la calle. Cuándo me vea así… mojada, ¡Me va a dar una paliza! A él no le gusta que nade, ¿Sabes?
- Pero Felisa, tu padre murió hace años, tranquila, no llores.
- Trae la boina azul, la que cogí yo el otro día para jugar.
- ¿Azul? ¡Qué color más extraño para una boina!
- Es que mi papá trabaja con uniforme azul y pidió a mi madre que le comprara una del mismo color, a él le gustaba mucho. ¡Fue una pena que la “perdiera”! ¡!¡Jajaja!¡!
Y comienza a reír desenfrenada. Se agita en el sillón asustada y farfulla:
-Yo no, no fue así, yo es que, a mi me…- Para entonces ya me he dado por rendida, imposible sacarla a pasear, ya sólo puedo escucharla- ¡Fue una voz la que me dijo que lo hiciera!: ¡Salta, salta, salta! ¡Corre, corre! ¡Que viene! Así que como había imaginado mil veces antes, salté desde el trampolín improvisado de mi ventana en el tercer piso a la calle…¡!¡Jajaja!¡! ¡Mi padre no me cogió nunca! Mira, mira, aquí tengo la boina- Y me enseña un bolsillo vacío- Él nunca la recuperó ¡!¡Jajaja!¡! fue mi venganza a sus gritos ¡Y cómo se atreva a tocarme otra vez le escondo los zapatos!
- Felisa, tengo que irme vuelvo el jueves, a ver si tienes más ganas de pasear.
- ¿Ya te vas? ¡Creía que ahora íbamos a nadar un rato!

6 comentarios:

El_Rafa dijo...

Enhorabuena por el relato que sabes que me encanta y sobre todo bienvenida al grupo.

Genial!!!

Rocío dijo...

Muy chulo, Roc

Alfredo Luque dijo...

Muy bueno, jeje

ruyelcid dijo...

Me quito el sombrero (la boina) ante tu relato.. muy bueno... muy bueno..

Deja abiertas muchas interpretaciones subjetivas y emocionales.

Muy bueno.

Begoña dijo...

Como le he dejado en el comentario a mi hermano, muy buenos los dos relatos, la cosa va a estar complicada. Que imaginación tenéis.

oicor dijo...

Me hayo abrumada, que ilusion!! Muchas gracias por dejar vuestros comentario. El próximo prometo trabajármelo mas.

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