lunes, 4 de noviembre de 2013

Ex-Planeta de los Simios

- ¡¡Malditos, yo os maldigo a todos!! -gritaba con los ojos desencajados junto a la cabeza de bronce. Las ruinas de una ciudad árida, plana y casi enterrada bajo toneladas de piedra y tierra era todo lo que tenía por escenario.

Aún tenía la bata del hospital puesta, y nada más. Completamente desorientado caminó por ese desierto que tenía delante sin saber en qué fecha o lugar se encontraba. Despertó horas atrás en una camilla prácticamente a ras del suelo, la tierra entraba ya por la ventana. -¿Qué es esto, quién soy yo, qué hago aquí?- Muchas preguntas y nadie a la vista para responder.

Tras varias horas de andar sin sentido encontró la cabeza en el suelo. Trató de levantarla para verla más de cerca hasta que comprendió lo que había pasado. No era una cabeza en el suelo, sino toda una estatua enterrada. Entonces comprendió a Chartlon Heston en El Planeta de los Simios. Compartían la misma desesperación e impotencia. Sabía dónde estaba, en casa. Pero eso ni remotamente se parecía a sus recuerdos. ¿Cuánto habría pasado en coma? ¿Qué había asolado su ciudad durante ese tiempo?

Cuando se giró alertado por unos pasos descubrió a un grupo de primates con ropajes humanos y perfectamente bípedos. -¿Habéis sido vosotros? ¿Vuestra raza o lo que cojones seáis habéis destruido todo esto?- Pero… espera, ¿Y si todo era una broma? No, imposible. Todo estaba completamente destruido y parecía haberse abandonado durante siglos.

- No, humano. Nosotros no hemos sido. Si acaso, nos puedes considerar como la cura, el remedio al endémico mal que habéis causado en todo este planeta. Desde que aparecisteis no habéis hecho más que consumir y destrozar todo cuanto se ponía en vuestro camino. Cortasteis árboles para daros calor y cobijo pensando que durarían para siempre. Rompisteis la tierra para sacar sus riquezas sin ser conscientes de que la tierra en sí valía mucho más que toneladas de oro. Construísteis sin respeto alguno en las cuencas de los ríos, las laderas de los tajos, dentro del mismo mar y sobre las fallas que hacen girar al planeta.

- Pero… entonces… ¡Vosotros nos habéis destruido! No se porqué. Bueno, si, no hemos sido unos pobladores modelo de este planeta. Pero la culpa no es de mi pueblo, será de los americanos que es donde siempre aterrizan vuestras naves. Ellos son los que matan con la excusa de salvar, lo que ven miles de muertes de inocentes como un daño colateral, como un mal menor.-

- Nada más lejos de la realidad, mi querido humano. nosotros no venimos de ningún planeta lejano. Llevamos milenios aquí, observándoos, aprendiendo con vosotros. Pero hay una cosa que nos diferencia: todo nuestro conocimiento pertenece a nuestra sociedad y sólo se usa en beneficio de ella: desde una mísera bacteria hasta la montaña más alta. Si, hemos hecho sacrificios, nos hemos visto obligados a extinguir especies. Pero siempre desde el consenso y para evitar que la manzana podrida envenene todo el cesto.

- ¡Lo mismo que nosotros! No se como pediros perdón. Pero por favor, devolvedme mi pueblo, mi barrio, a mi familia. Devolvedme mi negocio y el bar donde desayunaba.

-No has entendido absolutamente nada, pequeño humano. Cada día estoy más convencido de que vuestra aparición en escena fue un grave error.

- ¿Nuestra aparición? No entiendo a qué te refieres. Evolucionamos, crecimos. Moldeamos la naturaleza a nuestro antojo, eso si, pero sólo fue para mantenernos y prosperar. Y para manteros y haceros prosperar a vosotros. ¿Sabes cuantas especies se hubieran extinguido si el ser humano no hubiera creado reservas?

- Muchas, sin duda. Pero, mi joven humano, ¿Cuantas de ellas no habían cumplido ya su misión y se disponían a hacer mutis en silencio? Nada dura para siempre, y vuestra mortalidad ha sido desde los inicios vuestra maldición.

- Si, si. Maldita sea, ¡¡tenéis razón!! ¿Pero por qué nos aniquiláis? ¿Por qué no podemos estar en convivencia?-

- De nuevo, hijo mío, estás muy lejos de la realidad. ¿Ves esa explanada que tienes en poniente? Hay se erigía un importante castillo sobre el monte. Vuestras prácticas de fraking para sacarle a la tierra más de lo que os podía dar derrumbó la montaña y todo lo que en ella había. ¿Ver por levante la misma imagen? Allí corrían las liebres y los conejos. Se alzaban en un majestuoso tajo sobre tu casa y la de tus vecinos. Pero tuvisteis que horadar la tierra para haceros casas donde cabrían cien personas aunque la disfrutaría sólo una familia.

Y puedo seguir con mil ejemplos. Pero resumiendo, todas vuestras creaciones se mantenían en pié sólo por el dinero. Gastabais mil veces lo que costaba una casa en mantenerla, sólo por que tenía buenas vistas. Pero para eso escarvábais más y más en la tierra. Vuestro enfermizo dinero sólo servía para comprar más dinero. Pedíais préstamos para pagar los intereses devengados de una deuda anterior. Comprábais deudas ajenas para pagar vuestras hipotecas a un millón de años que acabábais vendiendo para pagar sus plusvalías. Entre salir del mal camino abrazar  la naturaleza con humildad y erigiros dueños y señores del planeta elegisteis lo segundo. Ahora tómate esto como un golpe de estado.

- No, no, ¡Imposible! Nada de esto tiene sentido. Hace dos días tuve un accidente de moto. Llegué a un hospital repleto de gente trabajando a excepción de las urgencias. Allí me atendieron y quedé postrado en una camilla a la espera de mi intervención. ¿En qué año se supone que estoy para que todo eso haya pasado? ¿En el año 3000?

Nuevamente, y como buen humano que eres, sigues midiendo el mundo según el tamaño de tu ombligo y de tu pene. Según vuestro calendario, estamos en el año 2019. Hace 15 años que vuestra civilización y vuestra especie colapsó. Poco teníais más que hacer aquí pero, en lugar de comprenderlo, quisísteis ir más allá. Entiendo tu malestar, pero asúmelo humildemente, a nosotros nos pasó lo mismo. Fuimos postergados para dejar paso al humano que se suponía iba a ser el guía de la naturaleza. El más capacitado, el que sería el auténtico rey de la selva. Y nos retiramos en favor del bien común. Pero el tiempo lo pone todo en su sitio, y al final habéis resultado ser el peor de los virus.

El eslabón perdido nos llamasteis, sólo por desconocimiento, y no quisimos hacernos conocer en una historia que aún no era la nuestra. Convivimos, pero no lo recordáis, durante varias décadas, hasta que comprendimos que vuestra capacidad era muy superior a la nuestra. Pero es hora de volver atrás. Rectificar como vuestros antiguos sabios y retomar el camino donde se torció.

El humano quedó sólo en el suelo, sujetando la cabeza de la estatua que reconoció como Pablo de Rojas y gritó:

-¡Malditos! ¡Yo nos maldigo! Maldigo nuestras guerras y nuestra avaricia, nuestro egocentrismo y nuestra falta de humanidad. Y dicho esto se arrancó la bata quedando completamente desnudo y se dirigió al simio: -¿Os importa si os acompaño?-

- Querido amigo, nuestro camino es el tuyo y el del árbol y la piedra. Sólo promete aprender y actuar en consecuencia, y podrás caminar como cualquiera de nosotros.

3 comentarios:

ruyelcid dijo...

¡Maestrooooo... he visto la luz; y me quemaaaaaa!



Muy buena esta nueva paranoía tuya.

Nota: creo que abusas de los carbohidratos.

Pilar Gámez dijo...

mal asunto ese de quedarse entre ellos, seguro que lo pervierte todo de nuevo.

Anónimo dijo...

plas plas plas ¡ bravo ¡

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