domingo, 28 de septiembre de 2014

El cataclismo

Relato de Nono Vázquez

Aquella maldita estrella se encontraba muy lejos, demasiado como para poder explicarlo con palabras. Su explosión fue detectada por nuestros observatorios y rápidamente los gobiernos se pusieron a trabajar. Necesitaban estudiar las consecuencias del cataclismo. Nadie, o eso dijeron, podía prever que a tal distancia las consecuencias pudieran ser tan directas. Pero lo fueron. Mi módulo de recepción de muestras quedó dentro de un fuerte campo de fuerza; un residuo de aquel caos que había ocurrido en tiempos remotísimos me estaba enviando en ese instante a un lugar desconocido del universo, acaso en otro de los muchos universos tal vez existentes, acaso a un lugar inhóspito, acaso al mismísimo infierno.

Al volver todo a la normalidad, aprecié un cielo completamente desconocido para mí. Aquellas formaciones estelares no figuraban en ninguno de mis mapas y el ordenador no era capaz de decirme en qué lugar o en qué tiempo me encontraba. Estaba en el medio de la nada, y la pantalla me devolvía insistentemente el mismo mensaje, que me invitaba a esperar mientras calculaba coordenadas espaciotemporales. Sólo me quedaba por el momento la exploración directa, y así pude localizar un pequeño planeta, próximo a una estrella bastante activa de magnitud media, y que parecía albergar vida.

Instintivamente, quise ir allí. Pasé el control a manual y me dispuse a contactar con aquel mundo extraño. Mientras descendía comprobé que aquel planeta poseía atmósfera, formada por gases respirables. Más tarde pude ver que buena parte de su superficie estaba recubierta por un material líquido muy similar a nuestro fluido vital. Gracias a las partículas en evaporación el ordenador detectó que su composición era también parecida. Sin poderlo creer, me encontraba en un lugar que no era hostil.

La nave quedó inutilizada, pero pude salvar parte del ordenador, que todavía me acompañaba, intentando darme datos del lugar. En una primera impresión visual constaté que el planeta poseía especies vegetales y animales en abundancia. Al igual que en nuestro mundo, una de ellas ejercía un liderazgo derivado de un alto nivel evolutivo. Eran seres muy altos, muy parecidos entre sí aunque no idénticos, y se agolpaban en extraños edificios, donde realizaban todas sus actividades. Cubrían su piel con ropas, aunque muy diferentes a las nuestras. Se desplazaban también en vehículos, y pude observarlos durante largo tiempo gracias a mi reducido tamaño.

Poseían el don de la comunicación verbal, pero apenas la utilizaban. Parecían seres individuales. Vivían en enormes colonias perfectamente organizadas, pero mantenían una fuerte independencia entre ellos. Los más pequeños, sus crías, imitaban en parte a los grandes, aunque su disposición a comunicarse era mayor. Alguno de ellos reparó en mí, pero ninguno delató mi presencia. Se limitaban a hacer una extraña mueca con su rostro, que no vi en ninguno de los individuos adultos.

En algo parecido a nuestros ordenadores parecían depositar todo su conocimiento. No se despegaban de ellos, y en unas enormes pantallas les iban suministrando toda la información que necesitaban. Todos se colocaban delante de ellas con intención muy festiva pero se iban poniendo violentos y gritaban a medida que pasaba el tiempo, llegando incluso a golpearse al final. No me gustaba nada la forma en la que vivían aquellos seres, así que apremié a mi ordenador a que me ofreciera datos.

Estaba desquiciado, al igual que yo, y no era capaz de aportarme nada, así que solicitó ayuda visual. Levanté la vista para buscar algo que fotografiar y colocar en el escáner, y me llamó la atención un par de cosas. Una fue una especie de emblema que pude ver en la pantalla antes de que aquellos seres se enzarzaran a golpes. Su inscripción era ilegible para mí, pero tenía los símbolos F.C. BARCELONA. La otra era lo que parecía su identificación, que formaba un raro dibujo, junto a otra con algo que simulaba estrellas a su alrededor, y aquellos extraños símbolos MADRID U.E. Hace mucho tiempo que el ordenador tiene esas imágenes, pero aún no ha sido capaz de decirme dónde estoy… Hoy temo que no sobreviviré mucho tiempo y que he quedado atrapado aquí. Pronto me descubrirán. Presiento que nadie me encontrará y que jamás podré volver a mi pacífico mundo.

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