miércoles, 14 de enero de 2015

Doble intensidad, mitad de tiempo

El asteroide A-F98B había cesado de orbitar de repente alrededor de aquel pequeño mundo frío, para adentrarse en su tenue atmósfera. 
La fricción comenzó a hacer mella en su resquebrajada masa dotándolo de un color anaranjado intenso que por momentos se tornaba irisado, pasando del incandescente al rojo, en un abanico de fulgores, perceptibles por los habitantes de aquel pequeño mundo, que miraban al cielo, tal vez incrédulos.

La estupefacción trajo  consigo una extraña estela y la humareda gris plomizo. Un brillo cegador irrumpió con la entrada en la estratosfera, seguido de un rugido estremecedor como nadie de aquel mundo hubiera oído antes.
Aquel mundo, alejado y frío se conmocionó ante el impacto. Una oleada gigantesca de materia fué escupida hacía arriba con la onda expansiva. Una grieta abominable en su superficie. Una herida mortal.
Trozos de núcleo emanaron a borbotones hacia la superficie helada, ennegreciendo todo a su paso y exhalando ingentes humaredas de vapor de mercurio. La presión inconmensurable, acabó por destaparse convirtiendo aquel mar de grietas ardientes en una gigantesca explosión de proporciones épicas, que pudo observarse desde muchos mundos del espacio exterior, para casi de repente extinguirse en la inmensidad de ese procelosa miriada de estrellas. En este Universo, la luz que dura la mitad del tiempo, siempre brilla con el doble de intensidad.

1 comentario:

ruyelcid dijo...

Muy buena Alfredo... me quedo con las diferentes interpretaciones a lo largo de la historia que le puedo dar a la última frase.

¡Gracias por compartir!

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