domingo 22 de enero de 2012

La Agencia


“¡¿200 € por este mono de albañil?! Si ni siquiera se ve usado”- Le dijo al tendero andrajoso que se agazapaba tras el puesto - “Señor, es lo único que hay, no queda más. Tiene restos de yeso, escayola y está rociado para oler como si no se hubiera lavado en un mes. Tal y como están las cosas es lo mejor que puedo ofrecerle.”

Allí mismo Javier se puso el mono sobre la ropa, justo cuando los vigilantes de “La Agencia”  pasaron por la calle. “Oiga usted, ahí quieto ¿Qué hace aquí?” -”Caramba, pues acabo de salir del curro, estaba parando para el bocadillo y me he pasado por los puestos a ver si encontraba algo para mi mujer”- Uno de los vigilantes se sacó de la cazadora (que más bien parecía una casaca del ejército) un artilugio que le pasó por la frente: “¿De currar, no? Según La Agencia usted no ha tenido ingresos en los últimos catorce meses. ¿Está usted en el paro? Si nos miente será mucho peor para usted y su familia” - “No, no, claro que no”- se apresuró Javier sudando como un pollo -”es que cobro todo en negro, para no declararlo. Mi familia es pobre, a mi padre lo reubicaron por hacerse pasar por trabajador hace dos años y tengo que mantener a mi madre, mis hermanas y mi mujer”.

Con alivio e ira a partes iguales se encaminó hacia su casa. “Me cago en sus putas calaveras” pensaba mientras bajaba la cuesta “antes al menos se esperaban a que uno pidiera algún tipo de subsidio para “reubicarlo”. Reubicarlo en camposanto, menudos burócratas de mierda. Pero ahora ni siquiera esperan a que aparezca la necesidad. Como se enteren de que estoy en el paro tardarán poco en darme el puesto de criador de malvas y a mi mujer... joder, prefiero no pensarlo.”

Al girar la última esquina vio como se cerraba violentamente la cortina de la ventana. Lucía le abrió corriendo para arrojarse a sus brazos “Javi, mi Javi, dicen las vecinas que los matones de La Agencia han estado dando vueltas por el barrio. Y tu has salido de limpio, sin pinta de currante. No sabes el miedo que he pasado.”

“Esto es una mierda, Lucía. Una mierda humillante, rastrera y elitista. Cinco años estudiando derecho para terminar justo cuando La Agencia tomó el control de los juzgados. Y ahora no puedo ejercer ni en eso ni en nada. Junto a las oficinas de empleo hay furgonetas de La Agencia para detener a los que han cometido uno de los mayores delitos del código actual: estar en el paro. ¿Y la bonanza económica? Lees los periódicos y parece que seamos los putos amos del mundo. Esta mañana, sin ir más lejos, había cincuenta personas barriendo las calles desde aquí hasta los puestos. Y gratis, claro está. Prefieren hacer como que trabajan para no ser reubicados que buscarse un trabajo de verdad y meter dinero en sus casas. Pero hasta aquí hemos llegado. A mi padre lo mataron, si, mataron, por ir a la agencia a pedirles un trabajo. Llegó con sus manos callosas abiertas ofreciéndose para lo que hiciera falta. Y vaya si lo contrataron, como pasto para los gusanos”.

Esa noche no durmió, como tantas otras. Sin embargo se levantó una hora antes de lo habitual, dejó una nota escrita para su Lucía y vistiendo sus mejores galas y el maletín de cuero de fin de carrera salió con la certeza de que nunca más volvería a esa casa.

La sede central de La Agencia tenía el aspecto de una pirámide, pero con vidrieras en lugar de piedra. Parecía la Tyrell Corporation pero a lo grande. Entró por la puerta y dejando el maletín en la cinta del detector gritó “Mi nombre es Javier Montoya. Matásteis a mi padre por venir a buscar trabajo, preparaos para darme a mi uno”.

Un centenar de agentes aparecieron de la nada y lo redujeron en cuestión de segundos. Antes de que pudiera alzar los ojos para que lo que se le venía encima se encontró en una silla frente a una inmensa mesa de madera con un letrero que decía “Sub-director de revisión de escándalos, atropellos y fugados”.

La entrevista se prometía corta. “¿Sabe usted que es delito estar en el paro? Eso afea la imagen de nuestra nación y merma su economía. Y es más, ¿Sabe usted que es delito provocar un escándalo como que el ha provocado en el hall de mi oficina? Por mucho menos de eso he reubicado gente. Ahora, y para que vea que en el fondo soy una gran persona, le doy catorce segundos para que me de una sóla razón para no reubicarlo aquí mismo”.

Javier miró su reloj con una parsimonia impropia de quien se sabe en la cuerda floja. Contó los segundos hasta el número doce y susurró tranquilamente 'orden 454/85'.

La cara del sub-director se deshizo en un segundo. Tardó algo en recuperar el aliento y mientras miraba su ordenador mascullaba a media voz al comunicador que había sobre su mesa “Ramirez, por tu puta madre, Ramirez, presentese ahora mismo en mi despacho o lo despellejo vivo”. Cuando Ramirez entró por la puerta se extrañó al ver aún a Javier con vida. Normalmente lo llamaban para reubicar (y ahora si en el sentido estricto de la palabra) el cuerpo del entrevistado en cualquier punto a las afueras. “Ramirez, ¿Puede usted decirme por qué cojones no aparece en mi ordenador de medio millón de euros la orden 454/85 que quiero buscar?” - Tragó saliba como si acabara de llegar de hacer el Paris-Dakar a pié “Señor, no soy digno de corregir a un subdirector como usted, y que el gran presidente me libre de hacerlo. Pero, y esto no es más que una recomendación, tal vez el proceso se aceleraría si pulsara dos veces sobre el buscador, que es ese icono verde, y tecleara o me dictara a mi tan vulgar labor la palabra 'orden 454/85'. Gustosamente me encargaré de pulsar enter para aliviar su trabajo.”

Una vez Ramirez cerró la puerta al salir, el sub-director leyó con avidez cuando aparecía en su monitor y tras veinte minutos retomó su pose de sub-director “Evidentemente conozco esa orden, mi joven amigo, y si realmente usted quiere hacer uso del 'consulta a un agente de mayor rango en caso de discrepancias con el que le está atendiendo' no tendré problema en remitirlo al gerente de subdirecciones de revisión de escándalos, atropellos y fugados”.

La confianza que tenía Javier en sus conocimientos de la legislación preAgencia y postAgencia le permitieron sacarse de la manga una orden tras otra y pasar de un vicegerente al gerente, del delegado de gerencias al encargado de delegaciones, y todo eso subiendo de planta en planta. Así para cinco días después llegar al presidente de La Agencia. El gran jefe, el mandamás, el que dominaba el país desde que lo comprara tras las privatizaciones del año '75. El que convirtió un país próspero pero con altibajos en una fábrica de nada donde los empleados tenía que cantar el himno cada mañana antes de comenzar la jornada y a los que no trabajaban se les consideraba traidores a la patria.

“Bien, bien, bien. No se como se las ha ingeniado, pequeño Javier, pero es la primera persona ajena a la alta dirección de La Agencia que pisa este despacho. ¿En qué puedo ayudarle?”- “Es muy simple, don presidente. Quiero que me de un trabajo. Desde que acabé la carrera no he podido ejercer por que su legislación cambiaba de un día para otro y sólo accedía a ella los hijos de directivos de La Agencia. Llevo años matándome en las calles, haciendo cuatro chapuzas y gastándome el poco sueldo que tenía en herramientas para aparentar que tenía un oficio. Pero hasta aquí hemos llegado. Exijo que me de un trabajo, ¡Y ya!”

Las carcajadas se escucharon desde el piso 56 hasta más allá del parking subterráneo. “¿Que me exige, usted a mi? No me haga reir. Si ha llegado hasta aquí, pasando de gerente en gerente, de subdirector en subdirector y de delegado en delegado sin que nadie le solucione su problema, ¿Como osa exigirme algo a mi tras habérselo negado mis consejeros?”

Entonces se le encendió la bombilla, y el cerebro de Javier empezó a girar a millones de revoluciones por segundo. Joder, pensaba, ¿Podía ser tan fácil, tan sencillo? ¿Sería posible que un mindungui como él acabara de encontrar el resquicio que tiraría abajo toda esa muralla construida sobre el lomo de los trabajores? “Cierto es, señor presidente. Y como a usted no le falta razón, le pido por favor que llame a los vigilantes y todo el equipo de reubicación de La Agencia”.

Pocos segundos tardaron en aparecer. Un ejército de policías llenó la sala, y los que no cabían se repartía por las escaleras y descansillos del edificio.

Antes de que el presidente pudiera abrir la boca Javier gritó “¡Detengan a este hombre! Acaba de afirmar que no tiene trabajo. Insiste en que son sus consejeros quienes lo realizan por él, por lo tanto es una lacra para la sociedad y merece ser reubicacdo cuanto antes para no mermar la salud económico-financiera del estado”

Aquel ejército se quedó completamente congelado. Ni un ruido, ni un gesto, ni un susurro. De fondo se escuchó la voz de Ramirez que subía las escaleras a empujones entre tanto hombre armado. “Me temo que este hombre tiene razón. Según la orden 617/84 cualquier ciudadano puede denunciar a otro por estar sin empleo siempre y cuando el primero si que lo tenga y también las pruebas suficientes para su demostración. Y aquí tenemos a un señor abogado ejerciendo su oficio y denunciando al señor presidente que, y perdóneme usted la expresión, no ha dado un palo al agua en su puta vida.”

Los agentes redujeron al presidente, y este en su histeria comenzó a gritar “¡¡¡A mi no podéis tocarme, cabrones de mierda, id a por Marquez y Antolín que son mis consejeros delegados!!!”

Y vaya si lo hicieron los agentes. Con Ramirez a la cabeza, y Javier indicándole qué orden usar en cada caso bajaron desde el piso 56 hasta el recibidor con más de trescientos detenidos. En efecto ningún delegado ni subdirector ni encargado ni vice... hacía nada en La Agencia. Todos ellos delegaban en sus “ramirez”. 300 encorbatados, gordos como curas y con unas manos impolutas que jamás había usado”.

Una vez cayó La Agencia, el anterior gobierno se hizo cargo del país convocando unas elecciones para los posteriores meses, con la intención de empezar de nuevo. El presidente del gobierno en funciones se acercó a Javier y le dijo “Mi querido Javier, ha hecho usted mucho por la democracia de este país. Si no hubiera sido por usted estaríamos ahora siendo esclavos del yugo opresor de una Agencia que nunca debió de haber existido. Dígame qué puesto quiere que yo personalmente tendré el honor de entregarle el nombramiento”.

Javier no tuvo que pensarse nada. Encendió un cigarro y acercándose al oído del presidente le susurró “nombre un sólo cargo a dedo, y yo personalmente tendré el honor de tirarlo de su puesto y entregarlo a las masas.”

Dicho esto cogió del brazo a Ramirez “te invito a una caña” -  “Eso esta hecho, pero en el cachas, que ponen mejores tapas” y se perdieron calle abajo.

miércoles 7 de diciembre de 2011

DIRTY DAISY ("Delicia Sureña") (Cap. 4º) (por Álvaro Morales)






DIRTY DAISY ("Delicia Sureña") (Cap. 4º)
(por Álvaro Morales)


Se encontraba bien, le gustaba matar a aquellos espaldas mojadas, su conciencia tejana creía  que aquella era gente “sucia e inútil”;  espaldas mojadas que solamente sabían asesinar y matar en su país, aquel país en él había nacido y que era su patria.
Con todo aquel ajetreo le entró hambre, tanta carga y descarga de “bultos” le hacía pensar en los buenos solomillos y chuletas de ternera del antro de Chubby; un viejo camionero que después de jubilarse decidió montar un restaurante (si se le podía llamar así a aquel tugurio lleno de grasa) en la carretera hacia Nueva Laredo.
Apretó el acelerador y dio un trago a la botella caliente de jim bean, y mirando la bolsa de 5000 dólares que llevaba en el asiento de al lado imaginó un buen solomillo de ternera con salsa sureña y una buena birra y fantaseó con ese momento, casi espiritual después de haber hecho su particular carnicería en mitad del 
desierto.




¡Y que razón tenía el cartel!
















No era muy tarde cuando llegó a aquel antro, al rancho de Chubby.  Ya estaba anocheciendo, “el cerdo” traía hambre y media borrachera de jim bean caliente, bajó por las polvorientas escaleras de su tráiler tropezó y pegó contra la arena pisoteada de aquel parking inexistente que Chubby tenía delante del negocio.
Al verlo dos moteros se acercaron a él:
-¿Qué le pasará al tío este?
-No sé, parece que está borracho, el muy cabrón se ha hartado de whisky (contestó el otro motero refiriéndose y señalando la botella de jim bean vacía que había al lado de John).
John entre balbuceos les dijo que lo llevaran al bar de Chubby, que necesitaba comer algo para recuperarse y entre risas comentó que necesitaba recuperar fuerzas para follarse a una puta.
Los dos moteros se miraron y uno le dijo:
-Que te follen cerdo asqueroso, no vamos a levantar tu puto culo de la arena, ¿por quién cojones nos has tomado por hermanitas de la puta caridad?  Somos Ángeles del Infierno, no tu puta madre, gordo asqueroso.
John al oír esto se animó, pero estaba como una cuba y se quedó quieto, inmóvil y babeando como un perro, lleno de rabia, pero sin poder hacer nada contra aquellos dos puercos moteros como él llamaba comúnmente a los Ángeles, después de la pelea que tuvo con ellos.
Los dos moteros al ver que no se defendía le dieron un par de patadas en las costillas y otras pocas en la espalda y dejaron al cerdo a su suerte en mitad del parking, no sabían lo que les esperaba.
Pasó el tiempo, treinta quizás cuarenta minutos, no lo sabía muy bien pero sí que sabía que se habían burlado de él y eso no le gustaba, de pequeño aprendió a hacerse de respetar cuando le partió a otro niño la boca por decirle gordo y aquellos dos personajes se habían pasado de su raya de tolerancia casi inexistente.
Se levantó de la arena y limpiándose con el puño un poco de sangre que tenía en la boca, fue a buscar a su amor, a su pequeño amor a la que tanto cuidaba, era su segundo gran amor por detrás de Daisy, y cargándola con un par de cartuchos perforantes “sus preferidos” cogió a ese milagro de arma (su “carnicera”) y dirigiéndose al antro de Chubby la cargó, abrió la puerta y viendo a los dos moteros y a otro que había llegado después en la mesa medio borrachos les soltó a los dos primeros un tiro en la cabeza y se la voló, los sesos pegaron en un cuadro de Harley Davidson comido de grasa que había detrás de los dos.
El tercero asustado y borracho cayó de su silla y pegó de espaldas en el suelo, John acercándose a el poco a poco y recargando con otros dos cartuchos su carnicera le preguntó:


-¿Te apetece burlarte de mí? ¿Eh? ¿Te apetece? Saco de basura
Chubby que salía de la cocina con un cuchillo carnicero le dijo John_
-No lo hagas, te la buscarás, es el hermano de Thomas, la mano derecha de los Ángeles de Nueva Laredo, es un jefe y su hermano es quien pone la ley aquí; ¡No puedes matarlo o morirás!
John sonriendo y escopeta en mano le preguntó al motero:
-¿Es verdad todo eso que dice Chubby de ti? Jajaja como voy a disfrutar matándote poco a poco perro
Y apuntándole a las rodillas se las voló de dos disparos, volviéndose hacia Chubby le replicó:


-Déjate de mirar y prepárame mi chuleta, venía a por ella cuando estos cerdos me han jodido y a John no se le jode y menos en la hora de la cena; ¡joder este puerco me ha llenado de sangre!
Y volviéndose hacia el motero le disparó en un brazo dejándolo sin el.
-Voy a terminar con esto y ahora vuelvo a por mí chuleta Chubby, espero que la tengas preparada.





Salió del antro y abriendo el camión cogió una cuerda y un puñado de billetes, entró, agarró al motero y lo sacó del brazo que le quedaba intacto, le ató la cuerda a este y lo subió al poste de la luz que Chubby había instalado para iluminar el parking.
Abrió la puerta, cogió su chuleta y sus patatas regadas en salsa tejana, una cerveza y le soltó por el suelo los billetes a Chubby
Fue a abrir la puerta y volviéndose hacia Chubby le dijo:
-Ahhh y no lo bajes quiero que lo vean, tu aquí no has visto nada, no es cosa tuya.

Se despidió, entró en su camión, se preparó para la cena, pensando que aquella lista de "angelitos" que irían tras él se iba multiplicando.







 Y pisando el acelerador desapareció camino de Nueva Laredo



CONTINUARÁ…

miércoles 30 de noviembre de 2011

"Con Agallas" ¿Te apuntas?



Me ha gustado este anuncio que acabo de leer de NEO2 y creo que conozco a "un par" de sujetos que cumplen lo requerido... ¿Os apuntáis?

ESCRITORES CON AGALLAS

martes 22 de noviembre de 2011

Algunas Noches Sueño (Mario López Nieto)







Algunas noches en especial…me gustaba soñar, solía hacerlo cada noche, pero….nunca podía recordarlo al día siguiente, era divertido imaginar lo que quería soñar, aunque finalmente nunca fuese así.
Este juego cada vez más se tornaba en forma de pesadilla, era una enfermiza obsesión la que tenia de crearme mis sueños para el posterior agobio de nunca verlos realizados, era mi pequeña dosis  diaria de fantasía, no podía entender el levantarme con una sonrisa cada mañana sin apenas recordar lo vivido en la noche, en la noche de mis sueños, tan realista y falsa a la vez…

Nunca me sentí tan vivo, me encantaba despertar y tener mil cosas en las que pensar cada mañana, era divertido ver  lo poco  que tenia de cierto todo aquello con lo que soñaba, aunque es cierto, que también hacia bien poco para conseguirlo.

Tardo un tiempo en afectarme,  pero…al final me corrompió por dentro, no solo no  estaba a gusto conmigo mismo, sino que lo que más me atraía del día….era su noche, era ilógico, no podía comprender como esa sensación, que tanto me llenaba, fuera falsa.
Me convertí en una persona taciturna, ya solo vivía por y para la noche, resulta irónico que lo que más feliz me hacia fuese mi tristeza, pero...eso era lo que hacía sentirme vivo, ya que empezaba a querer mas mis sueños que mi realidad, los días no me motivaban, la gente…no me atraía, no quería vivir, solo dormir, dormir una vez más, pasar otra noche...

Llego mi última noche, esta vez fue diferente….no era un sueño normal, no había nada mas, yo, solo…en eso se había convertido mi vida, la que tanto quise en su día…y con la que soñaba magnifica, pero…eso era solo un sueño, mi realidad, era una pesadilla dormida en vida. Nunca más quise dormir…quise vivir mi sueño, tarde, mi imaginación… me convirtió en insomne.

Soñar solo sirve si realmente quieres vivir lo soñado….si no….es una sensación que llena nuestra cama, para que no estemos solos en la noche.
                                                                                                                      
 Mario López Nieto

martes 15 de noviembre de 2011

Orden Onírico (Elba Galdeano)






Tenía tantos... verdes, azules, grandes, pequeños, cercanos, lejanos, astrales, lúcidos, prohibidos, eróticos, amarillos...

Tuvo que construir un palacio con una inmensa sueñoteca llena de todos ellos
y se dedicó a ordenarlos.

Puso arriba los inalcanzables, justo al lado de las utopías y encargó una escalera para que aunque no los alcanzase, no perdiera la esperanza de poder cogerlos algún día y poder así seguir soñándolos, hizo estanterías de acero para los pesados, y en una de algodón colocó los ligeros, puso los azules junto a los amarillos porque le parecía una bonita combinación, detrás de una esquina puso los eróticos y los más íntimos, para ir a buscarlos a escondidas; junto a un televisor puso los de kurosawa, así podría verlos alguna noche, los premonitorios los dejó a mano, que nunca se sabe cuando se van a necesitar, y los prohibidos los repartió entre todos los demás para ir encontrándoselos de repente, y darse el placer morboso de soñarlos. Los de verano los puso junto a la ventana, recogió los pedazos de los rotos y los dejó en la mesa, porque aún no tenía pegamento, pero algún día tendría que recomponerlos; y todos los hechos realidad los guardó en una caja de memoria porque no quería extraviarlos...
había tantísimos... siguió y siguió ordenando sus sueños...

Los colocó todos poco a poco, eran más de miles, millones, y estaba tan cansada que se quedó dormida y se puso a soñar, sin darse cuenta que al día siguiente tendría que ordenar todos los sueños, que en ese preciso instante, la llevaban volando al mismo sitio donde se encontraba, el palacio de los sueños.


                                                                                                                     Elba Galdeano Baca

viernes 11 de noviembre de 2011

DIRTY DAISY ("Delicia Sureña", Capt. 3º)




   Lo haría como de costumbre... 
Como lo llevaba haciendo desde que su vicios se incrementaron y el dinero volaba cada vez con mayor velocidad, la parada sería en un punto perdido del desierto que quedaba comprendido entre la Interestatal 35 hacía Nueva Laredo y la Interestatal 10 hacía Ciudad Juárez.
-"¡Pobres ilusos!"- se repetía John en su cabeza, al oir, las risas, y la algarabía de "su carga", que ya se sabían, dada las horas de conducción, que estaban en "el país de las libertades". John no le quitaba ojo la sucia bolsa de basura en la que llevaba los 5000 $ norteamericanos (200 por cada "bulto", como el los llamaba). Aparte de su carga legal correspondiente, que esta vez eran grandes maceteros de todo tipo para los lujosos  ranchos texanos. 

Condujo con  el camión entre bruscas sacudidas sin importarle mucho la carga material ni la humana que llevaba dentro, por medio de los matojos y pedruscos del árido desierto. Allí tenía un punto habitual de "descarga" señalado, tal vez muy descaradamente, y con tierra removida y formando mini-monticulos. Hay denotaba John su falta de minuciosidad ni metodismo al actuar, si cualquier patrulla tejana siguiera el rastro del camión y dieran con el punto señalado en cuestión; John no tendría otra que responder ante la "inyección letal".




Para colmo algunos mexicanos "de a pie" habían colocado, cercano a su lugar de descarga, un pequeño bidón con agua para no morir en la basta travesía hacía "la libertad".

John paro el camión de golpe, pegó un trago largo para a su ya caliente media botella de Jim Beam que le quedaba, y procedió con "la descarga".
Con una especie de manguera ancha de goma dura enganchada a uno de los tubos de escape del camión, la encajó perfectamente en una especie de agujero con una tapa metálica que se había fabricado por la parte del remolque que pega a la cabina del conductor. Arrancó el camión y comenzó a pegar acelerones continuados..a la vez que iba subiendo el volumen de su vieja radio. Así estuvo unos 15 minutos hasta que bajó el volumen y ya no se oía ningún grito; es más...solo un gélido silencio, en medio de aquel infernal desierto. No obstante, "carnicera" en mano, John bajó de la cabina, ya torpemente por la cantidad de bourbon  que llevaba corriendo por sus venas, y apartándose con velocidad hacía atrás y apuntando con sus bastas manos..abrió las compuertas del camión... Estuvo un rato saliendo humo, con un olor insoportable a aceite de camión barato, a gasolina y a lenta y angustiosa muerte. Sonrió internamente un par de veces, como el que termina un trabajo bien hecho y enganchó unos arneses con cuerdas a unos ganchos, camuflados bajo la tierra que había cercanos a la parte trasera del camión, arrancó el camión tiró unos metros hacía adelante y los arneses desenterraron un gran tablón plano bajo el que había un enorme agujero lleno de cadáveres, los tenía cubiertos de una especie de sosa blanca para disimular aquel hedor insoportable. Y así, elevó el remolque al máximo y fueron cayendo los cuerpos, ocultos en el primer compartimento del camión a aquella terrible fosa llena de esperanzas y sueños frustrados. 

John se alegró de no tener que haber empleado la "carnicera" como le había pasado otras veces ante algún "inquieto" que daba sus últimos coletazos. Bajó el remolque, soltó la escopeta dentro de la cabina y cuando se disponía, ya mucho más relajado, a cerrar las puertas traseras del camión, antes de llegar hasta a ellas, oyó un grito como si de una rata se tratara y vió como unas pequeñas piernas daban un salto y salían delante de sus narices..corriendo hacía el desierto. Era una niña cercana a los diez años, con melena negra y tez propia de esas fronteras. John no pudo hacer nada por atrapar esos jovenes pies y la niña se paró un segundo para girar la cabeza cuando vio que aquel monstruo no la seguía,  y siguio corriendo y gritando desierto adentro.
-"¡Ja, hoy los coyotes cenarán de lujo!"- se dijo John.

La niña no paraba de correr con sus raídos vaqueros, pensando en todo lo que le había estado contando aquellas personas en las horas que duró el trayecto, en sus sueños, en la gente que los esperaba, en sus abuelos, que juntaron el poco dinero que les quedaba para ayudarla a encontrar a sus padres, y en las instrucciones y preguntas que le habían explicado miles de veces que tendría que hacer para dar con ellos.

Pero John no iba muy desencaminado en el más que probable fin de la joven superviviente. 



El miedo, el recuerdo de lo que hemos dejado atrás y lo que nos deparará el futuro, te mantienen a veces caliente, y bombeando sangre por la esperanza y el instinto de supervivencia. Tras mucho correr entre la seca arena y pedrisco, y cuando el correr ya se había convertido en andar con los brazos caídos, la joven vio una carretera y un matrimonio de unos 50 años en un enorme Pontiac blanco. Frenaron de golpe al ver a la muchacha desvalida.. y con los labios cortados del áspero sol. La subieron en la parte trasera del coche, y le pusieron un suave cojín marrón bajo la cabeza. Ya preguntarían después de donde salió ese milagro en medio del desierto. Su tierra, sus orígenes y su entorno habían hecho que aquella niña creciera en un circulo de creencia extrema en Dios, en la fe  y en todo tipo de supersticiones religiosas y tal vez, esas dos personas que la recogieron sin pensárselo en medio del desierto, estaban allí por las miles de veces que había rezado ella por alcanzar su "nueva libertad"
Cerró los ojos de agotamiento extremo, pero temblando aún con el dibujo en su mente de aquel gordo demonio sonriendo y moviendo la cabeza mientras la miraba sin hacer el mínimo esfuerzo en salir a atraparla

John removió de nuevo la tierra para disimular el terreno, se subió al camión y retomó la Interestatal 35 en dirección a San Antonio. Sonriente con su cinta de ZZ Top a todo volumen y la satisfacción de un trabajo bien hecho; como si nada inusual hubiera pasado. Pensando ya en parar para jugar un rato con alguna tonta sin papeles que no le de asco agradar a gente como él. Al ver a lo lejos un luminoso azul y rojo y sabedor de que esa sería su guarida para esta noche, pegó un trago de bourbon y pensó:
 -"¡Daisy, que bien me vendrías esta noche!"-


                    Continuará...





miércoles 9 de noviembre de 2011

Prohibido No Fumar

Sentía el peso de la persecución en sus piernas mientras el corazón le martilleaba en el pecho, sofocado por la no falta de aire. Sentía el aliento furioso de la turba que lo acosaba con gritos ensordecedores y sentía el yugo de la no prohibición en lo más profundo de su remordimiento.
No había fumado, y lo que es más, no lo había hecho en un lugar público. Y ahora los fumadores lo perseguian para darle su merecido. Se arrepentía, sí, pero ya era demasiado tarde. En este futuro no hay segundas oportunidades, no hay multas, no hay reprimendas. Si incumples la no norma, serás castigado. Y te dolerá.
Ya no quedaban muchos como él, personas que no fumaban, especie en extinción desde la instauración de la no prohibición. No quiso encender aquella pipa que le ofrecieron en el hall de aquel local de moda, lugar al que se acudía para calmar las ansias de la no adicción. Nunca había fumado, se notaba a la legua, y no quiso darle unas chupadas rápidas, excusándose diciendo que tenia que ir al labavo. Y allí, en esa falsa seguridad del urinario, pensó que podría escabullirse sin más y lo hizo: ¡Se largo por la ventana, sin fumar! Total, quien se iba a dar cuenta al fin y al cabo en un lugar lleno de fumadores...
      Pocos minutos despues estaba corriendo. Y lo hacía para salvar su vida. No fumar y matar se habían convertido en sinónimos con el paso del tiempo, generado un sentimiento intolerante hacia los que no fumaban. Las muertes causadas por el tabaco se habían reducido en una quinta parte, en pos de otras más comunes como el linchamiento. El No Fumador corría, con la desesperación tatuada en el rostro, tratando de respirar, pero sus pulmones no funcionaban con la eficacia de los de sus perseguidores. A cada metro que avanzaba perdía terreno. Parecia que retrocedía en lugar de ir hacia adelante...
Cuando al final le atraparon suplicó entre lágrimas y pidió perdón. La turba no escuchaba, no sentía, no perdonaba. El No fumador pereció bajo los golpes y los gritos y su cadaver fué colocado en lo alto de un poste, con el pecho abierto en canal, mostrando unos pulmones, rosados y limpios, de forma bien visible, para escarmiento de los demás no fumadores. Amanecía lentamente en aquel futuro mientras miles de cadáveres se pudrían allí en lo alto de los postes...

sábado 5 de noviembre de 2011

Siempre Lo Hablamos Todo ¿Recuerdas?




Uploaded with ImageShack.us



¡Buf!.. Eso es muy complejo de analizar.. en verdad me estás haciendo 2 preguntas... La primera se remonta a la 2ª Guerra Mundial, el coronel de mi compañía de tierra nos mandó rastrear a fondo los montículos cercanos con el fin de que no hubiera minas o alguna trampa improvisada para alertar a los nazis de nuestra presencia..

 En uno de esos "oteos", me arrastraba yo sigilosamente por el suelo cuando oí un "click" que me dejó helado...


 Y así, ahora todas las noches... mantenemos este tipo de absurdas charlas; tu con tu vaso de cristal y tu tabla  llena de letras y yo desde aquí te siento y te voy contando las cosas que olvidé contarte allí...



                                                                                                            ruyelcid
                                                                          (sacado de una conversación con un amigo por internet,
  el cual se quedó flipado porque él solo había preguntado: "¿Hola, Cómo estás?".