viernes, 16 de abril de 2010

EL DESCUBRIMIENTO (Postrelato XXVIII)

Enfocando el telescopio con precisión, confirmó lo que suponía... Desde hacía años venía observando la dirección de aquel objeto en el espacio. Y durante mucho tiempo estuvo estudiando su composición, su masa, densidad y características. Por todos estos parámetros había concluido que los materiales que lo formaban no eran muy distintos de los que se podrían encontrar en la Tierra, si no idénticos. En resumidas cuentas, el extraño objeto no lo era tanto, teniendo en cuenta que parecía un trozo de roca escindido de nuestro propio planeta deambulando por el cosmos sin rumbo fijo… o sí; porque sus cálculos confirmaron que se estrellaría contra nuestro azul mundo en el plazo de catorce meses, y por su tamaño desencadenaría un desastre que daría al traste con toda la civilización humana, con todas sus ventajas y sus muchos inconvenientes. Padeció ansiedad por tenerlo más cerca y poder contemplarlo por fin.

Días atrás, suponiendo ya que el evento era inevitable, escribió un completo informe explicándolo todo, y había programado en su ordenador el envío por correo electrónico del documento a gobiernos e instituciones para alertar de ello cuanto antes y significarles la gravedad de la situación, pero aquella madrugada su dedo tembló antes de hacer click sobre el botón de enviar. Aquel preciso enfoque del telescopio no sólo recogió el paquete de datos definitivo que confirmó su premonición, sino que le permitió poder poner el ojo directamente en el objeto y pudo ver con claridad algo que parecían unos símbolos. Cuando fue haciendo un zoom a ellos vio atónito que se podía leer en ellos una extraña frase en caracteres latinos y muy nítido lo que parecía una fecha:

CI Y OF ON ON AT APR L, 26, 3191

Tiene que pasar más de un milenio completo antes de llegar a esa fecha, sin embargo ya estaba colocada en una especie de metal plano incrustado en aquella roca, como una de las vallas publicitarias que vemos por todas partes. Se atormentó con la posibilidad de estar contemplando el futuro, y de ser el primer testigo de la destrucción del planeta. Revisó más cálculos y repasó algunas teorías de Einstein sobre la relatividad. Removió internet buscando los artículos que hablan del viaje en el tiempo y la paradoja inverosímil de poder encontrarse uno consigo mismo en otra coordenada temporal. El sudor frío ya no le dejaba pensar y, como pudo, intentó descifrar las palabras que se encontraban delante; tras mucho apurar las capacidades del telescopio pudo completar las letras y leer CITY OF LONDON AT en ellas. Ya no había duda; lo que veía era el destino de la humanidad, quizá por la ambición humana, por las guerras o por un desastre similar al que él vaticinaba con la llegada de aquel meteorito, que era parte real y tangible, ahora no había duda, de nuestro mundo actual.

La angustia se apoderó de él entonces. Era demasiado descubrimiento para colocarlo en la opinión pública de golpe. Apagó el ordenador del telescopio y sus ojos se posaron en la pantalla del portátil. Allí permanecía el correo electrónico en espera de ser enviado. Sin pensarlo pulsó el botón suprimir y decidió dejar el mundo correr. Si de todas maneras la destrucción era inevitable, y por un desastre anterior al acaecido en un momento después de 3191 podía venir la desaparición del planeta, quizá era mejor no dar tregua a que aquel fuera aún peor. Pensó que catorce meses eran suficientes y esperó.

Cuando no había tiempo material para detener la catástrofe, la dio a conocer con un escueto comunicado y se retiró a esperar el momento, mirando a través del visor de su telescopio, demostrando así que el futuro no está escrito nunca, aunque a veces aparezca claro ante nuestros ojos, con nombres y fechas, como aquella vez.

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