miércoles, 23 de junio de 2010

Los duendes no tienen vacaciones

La chica del kiosco tenía unos cabellos negros que olían a tinta y unos extraños ojos moldavos . Tal vez no era su cabello lo que olía a tinta, sino las pilas de periódicos frescos, que como un muro de papel,  tapaban su cuerpo menudo, ataviado con top y piercing. Cada mañana sentía la tentación de pasar mi mano sobre sus cabellos, cosa que, por supuesto, si hice. Quedó impresa en mi palma una información meteorológica en forma de mirada borrascosa. Puede que sus ojos no fueran moldavos, sino ucranios o armenios, pero desde luego eran europeos y orientales. Desde aquella mañana de Agosto en que mi mano osó invadir su espacio aéreo, creció una extraña intimidad ente nosotros. 
-Maniana tu ven pronto. Periódico dirá lo del avión-
Frases cortas con fuerte acento moldavo-ucranio o armenio. 
Lo tomé como una excentricidad, un modo de llamar la atención.
A la mañana siguiente su pelo brillaba de tinta fresca y su triste sonrisa desplegaba la primera plana de la catástrofe aérea sucedida en Polonia . Entre nosotros surgió una cierta desazón. A la semana siguiente, otra vez. 
-Maniana tu ven pronto. Ella muerta. - 
Su barbilla eslava gira hacia la portada multicolor de una revista del corazón. Una rubia que sonríe tal vez por última vez. Mi despertador voceó con urgencia en su edición matinal. Corrí al kiosko. Allí estaba su pelo, esta vez envuelto en una felpa roja con la palabra “Ghost” tallada, y su sonrisa un punto ácida, contagiada de la enorme manzana roja que desayunaba. 
La rubia de la revista del  corazón había sido hallada muerta de un ataque cerebral...
Entre la chica del kiosco y yo comenzó a surgir una cierta urgencia. Y así cada semana durante aquel tórrido verano moldavo del kiosco. Aquel día 30 de Agosto olía a despedida, y su cabello a tinta seca del diario de antes de ayer. Sus ojos ortodoxos se alejaban a un ritmo superior al de mis maletas acechantes. 
-Maniana tu no venir. Maniana yo morir.- 
No reaccioné. Sólo dejé sobre la pila de periódicos una propina de de cinco euros a modo de epitafio.. A la mañana siguiente el despertador chilló por simpatía al paso de las ambulancias. Había un corro de curiosos en torno al kiosco. Policías, sanitarios, y un cuerpo tapado por una sabana al que ningún despertador despertaría. ¡La chica del kiosco! 
No. Estaba sentada en el bordillo de la acera. Chanclas, top, piercing y esposas. Detenida, rodeada de policias y con la mirada perdida Morir, matar. Un error en el verbo. Un error gramatical en su última predicción."Maniana yo matar" Matar, morir..Todos los periódicos tienen erratas. Los duendes no tienen vacaciones.

1 comentario:

ruyelcid dijo...

En tu linea.... jejeje..



Un abrazo "saleado"

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