domingo, 18 de agosto de 2013

Estrella. Capítulo 1


1.- ESTRELLA



Destino centro, 20 minutos para el atraque” canturreaba la voz robótica del zepelín. Estrella jugueteaba en su terminal portátil junto a Carlos V 3. Un juego de palabras descargado, evidentemente, de los mercados negros del software e instalado en la unidad propia de almacenamiento. Sólo tenían 20 minutos para acabar la partida, 18 teniendo en cuenta que el dispositivo tenía que ser desmontado antes de llegar a la zona de atraque. ¿Un terminal portátil con almacenamiento propio en lugar de en la nube? Ni medio minuto duraría hasta que alguno de los muchos escáneres del puerto descubrieran el dispositivo.



-¿Qué te haces en la pierna?- preguntaba sorprendido Carlos V 3, -Calla y tu no has visto nada, me lo instalaron mis padres poco antes de que se los llevarán los reseteadores.- Levantando con cuidado la piel de la rodilla desde una cicatriz prácticamente invisible, introdujo la tarjeta de memoria bajo el menisco, volviendo a dejar la piel como si nada hubiera pasado. -Lo diseñaron mis padres. Él buscaba prótesis robóticas para su rodilla y ella usaba sus conocimientos de bioquímica para impedir posibles rechazos. Cuando la cosa se puso fea dieron con la mejor caja fuerte del mundo: uno mismo.-



Al bajar del zepelín cuatro agentes del HCMN los recibieron con la misma empatía que un guardia de prisiones esperan un nuevo cargamento de presos. -En fila de a uno. Sin empujar. Sin prisas y, sobre todo, sin tocarme los huevos demasiado- Era toda la amabilidad de la que era capaz un tipo de esos. Uno a uno, todos fueron mostrando su antebrazo al guardia que tenían delante: escáner en el antebrazo para leer los datos, escáner de arriba abajo para comprobar la posible existencia de otro chip y verificación verbal de datos. Excepto, como siempre, cuando llegó el turno de Estrella y su amigo.



-¿Nombre?-

-Carlos V 3-

-¿Domicilio?-

-El mismo, tontopollas. Calle de Carlos V, nº3. Tu y tus putos jefes nos impusieron la nomenclatura para intentar eliminar cualquier atisbo de identidad en nosotros.

-Un momento... correcto, siga así y llegará lejos. Siguiente.- Mientras el agente marcaba la casilla de “librepensador” en la ficha de Carlos, Estrella se plantaba delante y le ofrecía su antebrazo.



-¿Nombre?-

-Estrella-

-¿Domicilio?-

-Eso es información personal que prefiero omitir.-

El agente, confuso, tecleó rápidamente su terminal hasta que apareció el mensaje: “Estrella. Ciudadana. Descendiente de colaboradores. Nivel de seguridad 2.” -Está bien, señora, puede pasar.- Mientras el agente se apuntaba el nombre en la columna “pendientes” de su terminal. Pocas personas de nivel 2 se paseaban alegremente por la ciudad. Y muchas menos se vanagloriaban de su condición.



Cogieron un taxi dirección al cementerio. -Hay una cosa que nunca me has contado. Trabajas en el antiguo taller de tus padres. Él, según me dijiste, era técnico y participó en los primeros prototipos del HCMN, que nunca llegaron a nada. Tu madre era una simple profesora de bioquímica de la universidad pública. ¿Cómo cojones tienes nivel 2 de seguridad?- Estrella le ofreció por toda respuesta una sonrisa de las suyas: suficientemente tierna como para inspirar confianza y suficientemente dura como para decir claramente “se acabó la conversación”.



Había mil y un sitios donde pasear por la ciudad antes de que todo se fuera a la mierda. Parques, zonas de juegos infantiles, grandes calles peatonales. Tras la creación del Gobierno Federal y sobre todo, de la red HCMN todo había cambiado. A peor, claro está. Los presupuestos de las distintas naciones se aglutinaban en un único asiento. No había paises, sino delegaciones del Gobierno Federal. Y las ciudades sólo eran un lugar donde albergar a los despachos y oficinas. Los ciudadanos habían sido relegados a la condición de obreros, como las abejas. Los hacinaban en las afueras, en calles con 10 casas cada una y separadas 50 metros una de otra para evitar contactos. Al fin y al cabo, dada la limitación de reunión fuera de una oficina federal a más de dos personas, ¿Qué sentido tenía un parque con bancos, una terraza de bar o una simple barbacoa en el jardín de casa?



El cementerio era lo poco que quedaba intacto. Largos muros de 10 metros de altos, como colmenas, llenos de restos humanos. Uno tras otro, en paralelo. Ahí estaban los últimos hombres libres. Los últimos que tuvieron el privilegio de poder descansar en paz. Sus cuerpos sólo les pertenecían a ellos, no al Gobierno, así que ahí estaban, pudriéndose libres en lugar de diseccionados en las universidades o aprovechados como complementos vitamínicos. Una fila, otra, una calle más... Tras contar cada una de ellas llegaron al pasillo 14, fila 9 casilla 2: ahí estaban los padres de Estrella, tras una losa de mármol con sólo sus nombres y la fecha: 15 de Agosto de 2016.



-No hemos traído flores, ¿Qué hacemos aquí?- -Tu abrir la mochila y callar, y por tus muertos no hablar de esto a nadie- Pulsando simultáneamente las dos “oes” y el número “6” de la lápida, un pequeño compartimento apareció antes los ojos de Estrella. En él varias tarjetas de memoria de las antiguas: carcasa de plástico, memoria de silicio y patillas de contacto. -Ya podemos irnos- Carlos V 3 estaba completamente paralizado -¿Que nos vayamos, con tecnología precuántica? Como nos cojan con ella sabes lo que nos puede caer. Joder Estrella, te lo dije: formar una resistencia ante el HCMN vale, dejarme dar palos de la policía en cada manifestación vale. Pero de ahí a que me degüellen o resetéen sólo por llevar un chisme de estos encima hay un buen paso.-



Nuevamente Estrella sólo guardó silencio y sonrió. -”Cuando yo era joven las cosas se reparaban: cambias un componente, instalas el nuevo, apagas, enciendes y todo listo” solía decirme mi padre. Reseteaban los dispositivos para arreglarlos antes de que todo estuviera conectado a la puta red del Gobierno y prohibieran el almacenamiento particular. Quien sabe, tal vez lo mejor que nos puede pasar es que nos hagan eso a nosotros: resetearnos. Volveríamos al estado original sin preocupaciones ni problemas.- -Estás no se si loca, gilipollas o ambas cosas. No se ni por qué te sigo-. -Por que soy encantadora y me quieres. Ahora guarda esto en el forro de la mochila tras el papel de aluminio y volvamos antes de que salga el último zepelín.



Continúa en el capítulo 2

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Impresionante Rafa. El nuevo George Orwell, se aparece entre nosotros, pobres librepensadores. Como la vida misma imaginas futuros que están mas cerca de lo que pensamos. Me ha recordado a Sol Negro. Repasa tus archivos de memoria temporal y ciberpunk! Un abrazo, Alphre2

Nono Vázquez dijo...

Dale caña, compañero. Muy buen comienzo, muy buena pinta de inicio. Muy buen planteamiento. Que sea, como dices, el primero de muchos capítulos. Curiosamente, sin haber hablado de esto, tu novela tiene el mismo título que una obra de teatro que estoy terminando, aunque de temática muy diferente... casualidades. Mucha suerte y larga vida a nuestras "Estrellas".

ruyelcid dijo...

Hecho... Voy a por el 2...¡Pintonazo!!

MariquillaS dijo...

Mola!!!!!!

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