martes, 13 de mayo de 2014

Un tren llamado sentencia

Relato de Nono Vázquez 

SEGUNDO PREMIO

...ni me excita ser un fuera de la ley...
Yo no he escrito las normas. Son una amalgama ininteligible para mí. Lo son para muchos, pero otros prefieren ahuecar el ala, pasar de todo y tragar. Hace tiempo que yo decidí incumplir las reglas; ser un proscrito del sistema, no tener nada que ver con él. Lo he hecho ya tantas veces que empieza a no tener misterio. Ya ni me excita ser un fuera de la ley. Me prohibí a mí mismo tener sentimientos al respecto, y hoy por hoy por no sentir no siento ni dolor, ni miedo, ni angustia…

Cumplí penitencia. Cada vez que pudieron cazarme. Lo hice con gusto. La cumplí y la saboreé. Supe que era el precio, pero a la vez sabía que era el premio. De mi penitencia conseguí aprendizaje; no se puede ser penitente en la ignorancia. La penitencia es exigente y sólo la volteas cuando consigues aprender de ella. De la penitencia me contagié del valor de la desconfianza; no me puedo fiar de nadie. La confianza es una autopista por la que entra la miseria en ti. Desconfié hasta de mí, y mucho más de quien más quería acercarse.

Muchos esperaban que también el arrepentimiento viniera en el lote; pero se equivocaron. La condena siempre fue un precio pequeño por la anhelada justicia, la mía, la que se escribe en letras grandes, pero que es tumbada por la que se esconde entre líneas. Y para conseguirla a ella, tenía que seguir incumpliendo la norma, que me llevaba a la penitencia, que era soportable ¡demonios!... Y que me volvía a hacer incumplidor.

Ya no sé dónde está el límite. No hay fronteras. Tengo el sabor del delito en la piel, pero me reconforta. Soy un insumiso legal, pero mi corazón siempre falla a mi favor. Soy viajero constante en un tren llamado sentencia, pero una vez llegado aquí ¿quién se cansará antes?

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