jueves, 6 de noviembre de 2014

LA GARDENIA AZUL (ruyelcid)

A Paloma.
por muchos años,
con mis mejores deseos)


- ¡Así será; así lo haré!-
(Suspiró Mariana hacía adentro sabedora del oscuro túnel en el que se estaba metiendo)


Foto: ("La Estambrería de Cucú". Página de Facebook)


Daniela, como cada viernes por la noche durante los últimos diez años, desde que murió el amor de su vida; su novio, amigo, esposo, y amante Miguel Ángel, (-“él me eligió, me ofreció la gardenia más bella de esa tarde de domingo”.- se repetía siempre mientras contaba a sus nietos en que consiste la tradicional serenata)  reunió a la familia en una gran mesa del viejo salón. Esta vez mostraba un aire más bucólico de lo normal en su cara, y más siendo ella la que había siempre tirado del carro familiar en todos los sentidos; fuerza, empuje, emprendimiento, valores, tradición.

- “Como todos sabéis, llevamos unos años que nuestra estambrería está algo estancada, la marcha hacia las grandes ciudades de muchos de nuestros miembros de la familia, ha hecho que tan solo unos pocos podamos cuidar la tienda, y, por supuesto, la grandes ofertas en precio y variedad que la fabrica de textiles “Loren’s Punto Fino” y sus tiendas están ofreciendo, hacen que estemos, últimamente, sobreviviendo de los cursos de tejido que damos, y de la fidelidad de nuestras vecinas y clientas del barrio. ¡Los jóvenes ni nos conocen ni se molestan en conocernos! Así que a ver lo que hacemos… todos. Mis padres fundaron la estambrería, yo la he conducido hacía adelante durante años, y Maríana, está haciendo todo lo posible por que este barco no se hunda, aunque…”- Daniela, suspiró y se sentó apoyando la mano sobre el hueco de la mesa que ocupaba siempre Miguel Ángel y apretando con la mano izquierda la palma de la mano de Mariana. – “Tranquila madre, hemos pasado por altibajos antes… y ninguno nos ha arruinado, ya mejorará esto, verás, es nuestra tienda, es nuestra hogar”- Le dijo, en voz demasiado baja para el resto de asistentes a la cena, Mariana, aunque ni ella se creía sus propias palabras.

Esa misma noche, cuando ya todos se habían ido, Daniela roncaba en su sillón con la radio de fondo hablando sobre escándalos en la capital, y Mariana estaba enfrente de ella, apretando con las manos una bufanda color caramelo que su madre le había tejido para su primer día de primaria. Salió al patio, atravesó aquellos brillantes azulejos y macetones de los que su padre tanto presumía, y entró por la puerta trasera a “La Gardenia Azul”, así se llamaba la estambrería desde que Miguel decidiera cambiar el nombre de ésta cuando San Miguel el Alto pasó a ser reconocida como ciudad, y en honor al traje azul que lucía Daniela aquella mágica tarde de domingo cuando se eligieron. El año tras la reforma fue maravilloso, todo giraba en torno a la estambrería, talleres, iniciación, consejos, variedad; en fin, dinero, familia, ilusión… felicidad.

Poco durarían estas vacas gordas en crecimiento.

Mariana pasó casi dos horas mirando fotos dentro de la tienda; la apertura, los primeros años, el primer taller de iniciación y el primer taller de color y creatividad. En fin, toda una revolución en las aburridas tardes de muchas de nuestras vecinas, y algún que otro vecino visionario. Mariana, subida sobre la vieja escalera de madera para colocar los ovillos en las estanterías más altas, estaba recolocando el cuadro de la gran foto familiar que se hicieron tras la reforma, cuando este se cayó en la parte alta de la estantería y Mariana, al intentar cogerlo se cortó en la yema de los dedos índice y corazón. Bajó corriendo a enjuagarse en el viejo barreño que usaban para teñir la lana, la que su madre había usado esa misma noche y estaba aún con algo de jabón líquido para luego fijar el color que eligieran. Mariana, olvidando que la sangre no cesaba, se quedó obnubilada  mirando aquella solución y mezcla tan bonita que estaba tomando la sangre con la lana, y casi llegando al desvanecimiento allí se quedó perpleja. Corrió al botiquín a curarse los dedos, cosa que dado su profesión y a lo que allí se dedicaban, hacía con bastante facilidad, y volvió a sentarse junto al barreño, movió con suavidad la lana del fondo para que la sangre fuera impregnándose de forma más homogénea, y decidió terminar el proceso de teñido. Dada la ocasionalidad del asunto, tuvo que alterar en gran parte los pasos del proceso. Una vez hubo terminado se quedó dormida viendo como el resultado se secaba tendido entre dos sillas.

A la mañana siguiente Mariana despertó la primera pues por el escaparate de la estambrería entraban directos los rayos de sol a la casa de sus padres. Antes de que notaran su ausencia, lo recogió todo y se fue a su habitación sin que nadie lo notase, con ese majestuoso nuevo color rojizo algo anaranjado fruto de un compendio de casualidades e insomnio.

Pasaron los días y por fin Mariana colocó en el centro del escaparate un cubre cuellos de lana rojizo anaranjado y una cartulina en su parte inferior donde se leía: “Desde Dentro”. Nadie en su familia sabía de donde había salido esa prenda, cuando se había confeccionado y que colores se habían usado, pero a todos les encantaba. -¿Qué precio le pondrás?- Le preguntó su tía Camila. -¡Esa es mía! ¡Esa no se vende!- Contestó Mariana. - ¡Tu verás mi niña, tu siempre tan especial con tus cosas! – le replico su tita. No habían pasado ni dos horas desde que abriera esa mañana cuando ya le habían encargado tres cubre cuellos con ese color, y otros 4 ovillos tenía ya vendidos de ante mano para sus vecinas más mañosas, a las que les gustaba ser partícipes de todo tipo de prenda que llevaran puesta.

Mariana, sorprendida con el tirón que había tenido el nuevo color, no paraba de dar vueltas a la cabeza de cómo lo iba a hacer. Pero lo que si estaba claro es que usaría el mismo material para el tinte. Sangre humana.

Ese mediodía paseó y paseó por el pueblo, y justo cuando se apoyó en la fachada de una vieja calle para descansar, alzó la vista y al ver el nombre de está recordó una vieja leyenda que le contaban sus abuelos, tal vez para darles miedo y evitar que se alejaran de su casa y jugaran cerca. La leyenda de “El Chan”, en la calle Fray Leopoldo, y los sacrificios de niños que ofrecía éste, cerca de la vieja noria, para que esta nunca dejara de suministrar agua.


EL CHAN

- ¡Así será; así lo haré! (suspiró Mariana hacía adentro sabedora del oscuro túnel en el que se estaba metiendo).

Pasó una semana, y al martes siguiente aparecieron en el escaparate 5 nuevos cubre cuellos de la colección “Desde Dentro” y 4 ovillos de lana rojo anaranjados detrás de ellos. No duraron ni un día en el escaparate y esta vez a las viejas cotorras de familia acomodada de las calles junto a la plaza central les había llegado la voz de que había unas telas, llenas de sensaciones, en la vieja tienda de Daniela.

¿Qué es eso de que el nuevo tinte que estás usando está lleno de sensaciones? – le preguntó su madre- ¡Es que no me creo nada de estas charlatanas de cuello alto del centro del pueblo! ¿Qué es eso? -  Nada madre, nada. – contestó Mariana - ¡Toma, llévate uno y desmiéntete tu misma! Esa tarde, mientras Daniela leía en el periódico provincial la extraña muerte que había sufrido una de las viejas trabajadoras de “la casa dorada” antiguo burdel disfrazado de pensión que había a la salida de San Miguel el Alto, ésta no paraba de moverse sobre la vieja mecedora de su porche… sudar, sentir, un calor ya olvidado para ella, abanicarse, y llegar hasta el punto de tener que quitarse aquel maravilloso alzacuellos que su hija la había dado y tan bien le estaba haciendo en ese gélido febrero.

Daniela no comentó nada de esos sofocos a Mariana, pero nunca había pasado en pleno febrero tantas horas meciéndose en el viejo porche de la entrada como lo estuvo esos días.

La mujer del jefe de policía estaba contando en la estambrería lo extraño y misterioso que resultaba que en cosa de un mes se hubieran quitado la vida dos personas tan conocidas del pueblo, hace unas semanas esa vieja prostituta de “la casa dorada” y hace unos días, también encontraron junto a la antigua noria, a Alejandro, aquel viejo que pasó su vida de celebración en celebración actuando de payaso y haciendo números de circo. -¿Os acordáis? Actuó en tu comunión Mariana.- Con las rodillas temblorosas, Mariana sacó el libro de cuentas para borrar el pico que Valeria, la mujer del jefe de policía había venido a pagar, pues también llevaba dos semanas con uno de sus nuevos cubre cuellos, curiosamente las dos semanas más feliz con todos, risueña y llena de ánimos que había tenido desde hace mucho tiempo.

Fueron pasando los meses, y la envergadura de los rumores se le estaban yendo al pueblo de las manos, a la par que crecían las arcas de “La Gardenia Azul” por primera vez en muchos años.
Los más viejos lo tenían claro, “el Chan” había vuelto, y esta vez no se conformaría solo con niños, esta vez servíamos cualquiera con tal de que la vieja noria nunca se parase. Mientras siguiera aquel rumor, Mariana seguía tranquila con sus días, y seguía tranquila sin dormir en sus ajetreadas noches.

Curandera, pastelera, viejo director de escuela, etc. Así fue nutriendo sus lanas de una gran variedad de sangre, de una gran variedad de sensaciones; salud, deleite en el paladar, ira y mal genio, amor (que la hermana Sofía, la vieja monja que pasaba esa virgencita de puerta en puerta desprendía a cada familia que llegaba).

Una mañana, después de venir de la plaza del pueblo tras la junta extraordinaria que el alcalde había convocado por las extrañas muertes de las últimas semanas/meses y las habladurías en torno a éstas. Mariana decidió, tras su paso por la iglesia del patrón de San Miguel el Alto y rezar durante media hora, que hasta ya no podía más, con esa carga, con esas noches sin dormir, extrayendo sangre, y pasando con la carretilla por viejos carriles hasta el cauce del río que pasaba por la vieja noria.

Era inicios de verano, y Mariana seguía cada vez más delgada ojerosa y débil, pasaba casi toda la parte del día sentada en la silla de mimbre tras el mostrador de la estambrería, curiosamente, sus vecinas y allegadas a estás… llevaban semanas sintiéndose algo enfermas, débiles, y con un extraño sentimiento lleno de remordimientos y culpa. - ¿Será el agua que estamos bebiendo? le decía con cara de circunstancias su tita. Será la maldición del Chan que nunca nos dejará en paz, susurraba sin mucho convencimiento la mujer del jefe de policía. – Y eso que hace ya muchas semanas que no han vuelto a encontrar ningún viejo muerto más por los ríos cercanos- añadió la pálida mujer.

Una tarde de inicios de septiembre, encontraron a Mariana sin vida, con las venas de sus brazos cortadas con sus tijeras de siempre y desangrada sobre el viejo barreño de la estambrería. Una nota junto a la silla de mimbre decía: “La Gardenia Azul se salvará “Desde Dentro”.

Eran las doce de la mañana del día siguiente, todo el pueblo se encontraba amontonado junto a la plaza del ayuntamiento y alrededores, las banderas a media hasta y un repique de campanas fúnebres inundaban todo San Miguel el Alto. Veinte personas habían fallecido la tarde de antes en circunstancias extrañas, la mujer del jefe de policía, algunas vecinas del barrio alto, cercanas a la vieja estambrería de Daniela, Camila, la madrina y tita de Mariana, y otras tantas personas. El juez del pueblo, no cabía aún en su asombro, cuando al mirarlas, todas alineadas sobre sus camillas, en la morgue, llevaban puesto el mismo cubre cuellos rojizo anaranjado, el mismo que llevaba la hija de Daniela, la encargada de La Gardenia Azul.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente trabajo Raúl.

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