jueves, 12 de mayo de 2016

Era jueves, era mayo

...el polvo acomodado de los calores pretéritos...
Me escondí para que la lluvia no me alcanzara. Era jueves, era mayo. En el cristal se estampaban las perlas de agua, cansadas de ir y venir entre los hierros de los barrotes de la ventana baja. En el quicio, el polvo acomodado de los calores pretéritos, tan efímeros como esquiva la primavera, se adornaba caprichosamente, dibujándose a sí mismo en la humedad, resistiéndose, como mayo, a ser borrado del calendario para siempre.

Y el polvo se fue, y con él mil gotas de lluvia que marcharon a posarse... en otra parte, lejos de allí. Seguía siendo jueves. Y el ritmo de aquella lluvia cambiaba, como lo hace el ritmo del tambor tañido por manos pequeñas. Ora cansadas; ora pletóricas. Ya no eran perlas las gotas de mi ventana baja, sino regueros, que caprichosos descendían por el cristal para encontrarse con ellos mismos. Allí, abajo.

Y yo que me escondí para que no me alcanzara, acaso por temor a verme mojado, a acunarme en su frescor. Acaso percibí que estaba descalzo. Acaso no la vi antes, y por eso quise taparme de ella. Era jueves, y llovía. Y era mayo. Y ambos pasarán; también la lluvia, que portará con ella sus perlas de agua. Y yo ya no tendré que ocultarme.

1 comentario:

ruyelcid dijo...

¡Muy bueno "doblemente negado" caballero!

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