miércoles, 26 de octubre de 2016

Recopilatorio Relatos Especial Difuntos 2015: "ASESINO METICULOSO" (por Enrique Hinojosa)

  Él no era un asesino meticuloso; aún así, aquella mañana tenía un cuerpo desnudo sobre la mesa, dentro de una sala fría y silenciosa, sin cortinas ni apenas mobiliario. Se aseguró de que estaba bien muerto tomándole el pulso.
Él no era un asesino meticuloso; aún así, no le costó demasiado hundir el metal afilado en el abdomen de M.P. para ver qué habría dentro, como quien busca un poco de luz en este mundo de oscuridades y criaturas tenebrosas. Levantó la piel  y dejó a la vista las vísceras. Palpó poco a poco, buscando con los dedos entre unos intestinos interminables hasta que encontró el estómago. Seccionó el estómago por ambos lados, lo extrajo y lo depositó en una bandeja metálica.
Él no era un asesino meticuloso; aún así, con una brillante sierra eléctrica plateada cortó algunas costillas y abrió el pecho. Un estático corazón rojo brillaba en el centro del pecho. Cuidadosamente, cortó venas y arterias para extraer el corazón y lo depositó sobre una bandeja metálica.
Él, permítanme que insista, no era un asesino meticuloso; aún así, hurgó con sus manos entre los pulmones, como quien busca algo de sinceridad en este mundo de hipócritas. Los pulmones tenían un tacto viscoso, pero eso no le importó en absoluto.
Él no era un asesino meticuloso; aún así, volvió a hurgar en el abdomen, como quien busca un poco de cordura en este mundo de locos... sin ningún éxito.
Él no era un asesino meticuloso; aún así, cogió la sierra, que ya era de un color rojo oscuro, y sin ningún remordimiento fue bordeando con ella el cráneo perimetralmente hasta completar el círculo. La tapa se abrió sin demasiado esfuerzo, y dentro del cráneo esperaba, sinuoso, un cerebro aparentemente normal. –No tiene nada de especial– pensó. Levantó el cerebro, no sin antes cortar las ‘conexiones’ que lo unen a la base craneal. Miró dentro de la cabeza hueca, como quien busca un poco de sol en un largo invierno. Depositó el cerebro en una bandeja plateada.
Él no era un asesino meticuloso; aún así, o mejor dicho, justamente por eso, una vez revisado todo el cuerpo, volvió a poner cada cosa en su lugar, suturó las heridas y, terminada la autopsia, cubrió el cuerpo de M.P. con una sábana blanca.
Él no era un asesino meticuloso; aún así, era un forense extraordinario.


¡Permítanme que insista!


Final alternativo: Él, permítanme que insista, no era un asesino meticuloso; aún así, había disfrutado con la autopsia, como si un deseo de venganza desenfrenada le impulsara a sonreír ante el cadáver. El forense se burló: Permítame que insista –dijo antes de salir de la sala. Del pie derecho del cadáver colgaba una etiqueta con un nombre y dos apellidos: Matías Prats Luque. 

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