jueves, 3 de noviembre de 2016

EFECTO MARIPOSA (por Pilar Gámez)

Efecto mariposa:
 Concepto de la teoría del caos. Si en un sistema se produce una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un efecto considerablemente grande a corto o medio plazo.

una casi minúscula polilla le rozó con su aleteo nervioso la oreja derecha


“La ciencia se compone de errores, que a su vez,
 son los pasos hacia la verdad.”
Julio Verne 



Ginebra, año 2091

Ethan era una conocido nocturno en el centro de Organización Europea. Era uno de los pocos físicos que pasaba allí un gran número de noches trabajando hasta el amanecer. Le gustaba acudir allí por las noches por el silencio ya que durante el día era un continuo ir y venir. Desde que se retomaran algunas de las teorías propuestas por el genio Albert Einstein dos siglos atrás, acudía al centro con un interés renovado. Al llegar aquella noche, preparó con pulcritud la lista de parámetros que debía introducir en la simulación, que aunque los tenía memorizados no dejaba de mirar para no cometer errores.  A pesar de estar en una zona cerrada, una casi minúscula polilla le rozó con su aleteo nervioso la oreja derecha. Sobresaltado, pegó un manotazo al aire, y sin querer pulsó la tecla de puesta en marcha del Gran colisionador, sin terminar de meter los parámetros. Del susto, la sangre le invadió toda la cara dejándosela de color grana, y el corazón le latía tan fuerte que parecía que se quería salir del pecho. Acababa de poner en marcha el, comúnmente llamado acelerador, sin supervisión, y con una cadena de parámetros incompleta e incorrecta. Millones de euros invertidos para que él, ahora, provocara algún desajuste o avería. Esperó en silencio, casi sin respirar, al menos tres horas. Pasado este tiempo, no sucedió nada, salvo el mensaje de error que apareció en la pantalla, para luego desaparecer. Así que, aliviado decidió marcharse a su casa, y no volver a pensar en la maldita polilla que, impúnemente, había desaparecido por una rejilla de ventilación.

Granada, 1854

La noche se presentaba fresca e Hilario se preparaba para una noche más de trabajo. Acababa de sacar del armario la pesada capa que lo protegía del frío en las peores noches invernales. No había pasado aún el mes de noviembre, y las calles estaban cubiertas de un manto de hojas decrépitas. Lo que más le gustaba de su trabajo eran los eternos paseos por las calles vacías: el crujir de las ramas de los árboles, el susurro de las hojas en las noches de viento; y, el golpe seco y hueco que iban dejando sus pasos en el acerado, se convertía en esta época del año en el chisporroteo travieso de hojas al deshacerse bajo sus pies. Hacía tiempo que su madre había dejado de incordiarle con que sentara la cabeza y se buscara una novia, que ya a sus veintiocho años se iba a quedar para vestir santos. - ¡La culpa la tienen esos malditos libros!, solía gritarle. Pero a él, esos libros y Julio Verne, le habían salvado de sus noches anodinas, recorriendo calles, abriendo puertas y anunciando la hora y el tiempo a grito de – y serenooo. Él era consciente de que algunas noches perdía el sentido de la realidad, cuando al imaginarse protagonista de algunas de aquellas aventuras submarinas o viajes a la luna, su preferida, al escuchar cualquier sonido extraño proveniente de la noche, que siempre está repleta de sonido extraños, por un momento creía que se trataba de alguno de esos personajes que venía a hacerlo particípe de la acción. Luego, se reía de sí mismo, pero en el fondo reconocía que ese sería el mejor de los futuros que le podía esperar. Ese era su deseo real y más profundo: convertirse en el protagonista de una, o de miles de aventuras.
Esa noche, cuando Hilario inició su paseo, por la avenida arbolada, lo primero que hizo fue mirar a la ventana de la señorita Margarita. Aún se veía una luz encendida. Mañana era el día de su boda, y esta noche posiblemente, le costaría conciliar el sueño. Miró una segunda vez y allí vió su figura, saludándolo con la mano, y como si de un ritual se tratase, él le devolvió el saludo y prosiguió su camino. Acababa de corear las tres de la madrugada de nuevo a la altura de la ventana de Margarita, cuando una ligera brisa se levantó. Iba concentrado en el crujir de las hojas secas bajo sus pies y sintió como unas cuantas hojas cayeron a la vez al suelo tras él. Hecho sin importancia pero que le hizo volverse a mirar. No había nadie, como era de esperar. Miró a la ventana de Margarita, pero ahora estaba a oscuras. Le hubiese gustado ver su silueta saludándolo de nuevo. Siguió su trayecto con un cierto hilo de intranquilidad, al que no se atrevía a llamar miedo. Espantó los malos augurios de su cabeza y prosiguió dándole vueltas a De la Tierra a la Luna, de Julio Verne. A pesar de su insistencia en concentrarse en sus pasos y pensamientos, el viento no dejaba de arrastrar hojas al suelo tras él, lo que lo iba poniendo cada vez más nervioso. Así fue pasando el tiempo, hasta que a las cuatro y media de la madrugada vio encenderse la ventana de Margarita, lo que le dio cierta tranquilidad...

Pero, de repente, un estruendo magnético le provocó un agujero en el estómago, para luego convertirse en secuencias agudas de chillidos metálicos que como látigos le atizaban por todo el cuerpo, intentaba zafarse de una fuerza indescriptible que había surgido de la nada y que lo atrapaba sin piedad no dejándole ni emitir un minúsculo grito. Cuando Margarita se asomó a  la ventana y miró tras el visillo, vio como, Hilario el sereno, primero se debatía a manotazos con el aire  para en una décima de segundo después, desaparecer.


Los vecinos acudieron al auxilio de los gritos de Margarita que apenas podía explicar lo que había visto. Amaneció y la boda no se celebró. Su futuro esposo la repudió por trastornada, y todo el barrio se sumergió  en un murmullo en el que daban diferentes explicaciones a la desaparición de Hilario. Unos vecinos decían que se había escapado con una fulana, otros que había sido testigo de un asesinato y, se lo llevaron por delante, y así, durante un tiempo hasta que las lenguas se cansaron de hablar y las mentes de inventar. Lo que sí era cierto es que Hilario, había emprendido un camino desconocido, donde la abertura en la línea espacio-tiempo provocada por Ethan, un par de siglos después, lo convertiría en el protagonista de multitud de aventuras en diferentes mundos y tiempos posibles, convirtiendo sus anhelos en realidad y, siendo, finalmente, feliz... o no.

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