jueves, 3 de noviembre de 2016

VUELTA A CASA (por Marina León)


VUELTA A CASA

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"cuchicheos que bajo la soledad le atemorizan"


El tintineo de las llaves enlazadas en los dedos de sus manos siempre le dio seguridad. En la avenida que lleva a su casa, las farolas marcan en círculos el camino de vuelta cuál Dorothy y sus baldosas amarillas. Ya casi se olvida de que va disfrazada. Para ese año había elegido como disfraz de Halloween un sencillo atuendo de bruja, con un típico sombrero puntiagudo y una nariz alargada. Ahora, la nariz guardada en el bolso y el sombrero en la mano eran la rendición del final de la noche. Las copas haciendo efecto en su cabeza y en sus pasos no son las mejores aliadas para una noche fría y silenciosa de otoño. Al entrar en la calle sus temores se hacen realidad, ahí están, unos pasos detrás de ella, callados pero constantes, los sonidos de la vuelta a casa: unas risas, unos pasos, el motor de un coche que pasa despacio a su lado, los tacones sobre el asfalto, unas voces masculinas a la vuelta de la esquina...  

A pesar del frío su cuerpo se calienta con el nerviosismo propio de la inseguridad que le da ser una chica sola en la madrugada de la calle. Agacha la cabeza refugiándose entre sus hombros. La inmunidad de los disfraces, las caras enmascaradas y el ambiente de terror importado desde Estados Unidos esa noche, consigue aumentar el ritmo de sus pasos hacía la entrada de su casa. Busca la llave del portal que el alcohol impide que pueda encontrar a la primera, las voces y risas antes lejanas están ahora más próximas, cuchicheos que bajo la soledad le atemorizan. 'Pero si aquí nunca pasa nada', piensa para tranquilizarse, pero el miedo sigue ahí hasta que consigue abrir el portón que da paso al bloque. El rellano de su piso tiene un efecto calmante inmediato, por fin en casa. Se dirige hacia el ascensor cuando es consciente de que no ha escuchado el clonck de la puerta y de que sigue escuchando las voces del exterior, aunque ya no están en la calle. Una pandilla de monstruos enmascarados han entrado detrás suya, impidiendo que la puerta se cierre. Intenta gritar, pero una mano evita que cualquier sonido escape de su boca. La tiran al suelo, golpeándose en la cabeza y perdiendo el conocimiento. Esa noche de Halloween la inmunidad de las máscaras de rienda suelta a las libertades que unos pocos malnacidos piensan que tienenLamentablemente para nosotras, cualquier momento del día o de la noche puede ser noche de brujas. 

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