domingo, 23 de abril de 2017

Camino del infierno

por Colorado Jim

No pude calcular el tiempo que estuve girando
La mayoría de los días iba por la tarde un par de horas a la Biblioteca para estudiar con tranquilad. Esta estaba algo retirada y tenía que coger un autobús que me dejaba casi en la puerta. Viajar en aquel medio me gustaba bastante, ya que me permitía estudiar a las personas que viajaban conmigo: eran gente de diferentes países y razas, hablando entre ellos en su idioma o dialecto, mientras otros intentaban hablar el español y algunos ya lo hacían con gracia y soltura. 

La Biblioteca del barrio no es muy grande, pero las estanterías que tiene están repletas de desiguales libros y de distintos escritores. No sé por qué, pero siempre me sentaba en el mismo sitio, creo que era por el ventanal que tenía enfrente por donde entraba la luz del día. A mi derecha había una estantería con bastantes ejemplares, disparejos y de diversos colores, la mayoría antiquísimos y sobados por el uso que de ellos se hacía a diario. 

Desde donde yo estaba sentada podía leer los títulos de alguno de ellos, por cierto... raro era el día que no leía aquellos títulos, sin llegar a saber por qué lo hacía, probablemente era por simple curiosidad.

Esto que voy a contar ocurrió hace un par de días. Como siempre, me senté en el mismo sitio de costumbre y lo primero que hice fue echar un vistazo a la estantería. Al momento me di cuenta de que algo había cambiado. Mis ojos se posaron sobre un grueso libro completamente nuevo, con el lomo negro, donde tenía escrito con grandes letras rojas: CAMINO DEL INFIERNO. Aquel título me llamó poderosamente la atención, tanto que no conseguía centrarme en los deberes que me habían impuesto para ese día. Estaba algo cansada ya que la noche anterior me fui a la cama bastante tarde porque a otro día tenía un examen algo más fuerte y quise aprovechar la noche. Como ya he dicho anteriormente, aquel título me tenía obsesionada, no me era posible centrarme en el tema que había llevado aquel día. Tanto fue así, que me levanté y con mano temblorosa cogí el libro entre mis manos y mi sorpresa fue grande al notar que estaba más caliente de lo normal y más cuando vi la portada, que representaba la figura de un demonio saliendo de una hoguera de rojas y parpadeantes llamas, sosteniendo en su mano derecha un tridente semejante al del Dios Griego Poseidón. 

La lectura me pareció fascinante y no tardé mucho en engancharme, entrando de lleno en el tema. No sé el tiempo que estuve leyendo porque me entró un letargo con el que me quedé completamente dormida. 

Entonces fue cuando empezó para mí un verdadero calvario: Estaba de pie ante un círculo muy grande que giraba en redondo como las agujas de un reloj y una voz me animaba a que pasara a través de aquel círculo... y así lo hice. No pude calcular el tiempo que estuve girando dentro de aquel círculo, hasta que me vi al otro lado de éste, pisando un suelo negro, seguramente calcinado por la lava de un volcán que se veía a lo lejos, dejando escapar una enorme columna de humo que se elevaba hasta el cielo.

¡Estaba aterrorizada! aquel círculo había desaparecido y yo me encontraba en un sitio completamente desconocido. Cuando quise darme cuenta estaba rodeada de hombres de complexión fuerte, de piel más bien roja que se cubrían con un taparrabos y una especie de capa roja, portando en la cabeza un penacho de plumas del mismo color. Muy lentamente se fueron acercando hasta casi tocarme con la punta de sus lanzas, hablando en un lenguaje que para mí era desconocido, siendo incapaz de  entender absolutamente nada de lo que decían ni de lo que estaba pasando. De pronto, uno de ellos, que parecía ser el que llevaba la voz cantante, dijo unas palabras y todos a la vez formaron dos filas, dejándome en el centro y al momento se pusieron en movimiento, mientras dos de la parte de atrás, me empujaban con su lanza para que caminara. Marchábamos por una senda entre rocas carbonizadas por donde salían chorros de humo de entre sus grietas, el calor era insoportable y creo que me desmayé porque cuando me di cuenta estaba echada sobre una piedra plana, atada de pies y manos a unas argollas que había en cada esquina. 

El pánico se apoderó de mí al darme cuenta de donde estaba: era una gruta enorme, donde se ofrecían sacrificios y sin lugar a dudas yo iba a ser la sacrificada. Llena de pánico y de terror miré a un lado y a otro hasta donde podía girar la cabeza. En las paredes había unas aberturas por donde asomaban amenazadoras lenguas de fuego, y no muy lejos de mí había una especie de foso por donde salía un resplandor rojizo, despidiendo un fuerte olor azufre y con un calor asfixiante. Mis ojos querían salirse de las órbitas mientras mi cuerpo se estremecía, bañado en sudor. Enfrente de mi había una especie de trono, donde estaba sentado un hombre vestido de rojo. En su frente cerca del nacimiento del pelo sobresalían dos apéndices en forma de cuernos y en su mano derecha sostenía un tridente. De pronto, gritó algo que al parecer era una orden y cuatro de los que me habían llevado hasta allí dejaron las lanzas sobre la pared, viniendo hacia donde yo estaba y colocándose con los brazos cruzados sobre el pecho, en una esquina de la piedra o mesa de sacrificios, mirando hacia donde estaba sentado el del tridente. Éste se puso de pie y levantando los brazos hacia el techo dijo unas palabras en su idioma, mientras movía el tridente de forma amenazadora. En esos momentos el interior de la gruta tembló, con un atronador y espantoso ruido, haciendo que despertara empapada en sudor y con algo de fiebre.

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