domingo, 27 de septiembre de 2020

La fibra de la esperanza por Sandra Quero Alba

 Sigiloso me empuja el viento

y lo veo, 

vómito de cemento 

que no da el pego entre las rocas

más arcaicas de la joroba.


Subida en el camello

como el mar muerto

pero de miedo, muerto pero me entrego,

porque visualizo que mis manos son garras

para zafarte de mi cuello.


Asciendo y contemplo 

todo aquello que las nubes

quieren ocultar.

Un cielo como el mar oscuro y profundo

entre antenas y radares

esta es la era digital.


Titanes habitaron las cuevas

escondidas tras la encina 

y sin cables ni fibras

más allá que la del bambú

te hablan entre sueños...


Y quién eres tú?

Ese cerebro lleno de 

angustia imaginaria

porque lo tenemos todo y 

no sabemos lo que nos pasa

y al final se ha vaciado el sentido

y ahora está lleno de bellotas

que se volvieron vanas.


Los gemelos pican

escuece el peso de todo

lo que queda por hacer

y me escapo por la puerta

para subirme por la cuesta

y no parar hasta llegar a aquella piedra,

justo esa, la que conecta con la fibra

de la esperanza.


Justo esa piedra y no otra,

con la que me doy en la punta del zapato

para hacerme vacilar.

Justo esa piedra y no otra,

aquella que arrojaron

para hacerme sangran la boca 

y que solo me hizo cantar.


Y es que allí

y también aquí, en la membrana

del tambor verde;

es donde conecto con la fibra de la esperanza.


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